Papa Francisco | Jesús abre nuestros ojos a la realidad, la frase fue señalada en el medio día de hoy por el Santo Padre Francisco cuando puntualmente en el medio día de hoy (hora de Roma), se presentaba en la ventana del Estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar la oración mariana. Francisco se dirigió a los peregrinos presentes reunidos en Plaza San Pedro donde les habló del Evangelio de hoy (cf. Lc 6, 17-20-26) el que presenta las Bienaventuranzas en la versión de San Lucas.

Dice el Santo Padre, “Jesús declara bendecidos los pobres, los hambrientos, los afligidos, los perseguidos; y amonesta a los ricos, saciados, riendo y aclamados por la gente”. Afirmándonos además, “Dios está cerca de los que sufren e interviene para liberarlos de su esclavitud; Jesús ve esto, ya ve la dicha más allá de la realidad negativa”.

Profundizando aún más, Su Santidad nos advierte, “(…), el “problema para usted”, dirigido a quienes hoy lo están haciendo bien, se usa para “despertarlos” del peligroso engaño del egoísmo y abrirlos a la lógica del amor, siempre y cuando estén a tiempo de hacerlo”. Agregando que el, “Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre el profundo significado de tener fe, que consiste en confiar totalmente en el Señor”.

El Papa nos alerta respecto de los supuestos referentes o ídolos efímeros, “se proponen a sí mismos como dispensadores de felicidad: vienen y prometen éxito en poco tiempo, grandes beneficios a la mano, soluciones mágicas para cada problema, etc. Y aquí es fácil deslizarse sin darse cuenta en pecado contra el primer mandamiento: es decir, idolatría, reemplazando a Dios con un ídolo”.

El Santo Padre subraya, “¡la idolatría y los ídolos parecen cosas de otros tiempos, pero en realidad son de todos los tiempos! Incluso hoy. Describen algunas actitudes contemporáneas mejor que muchos análisis sociológicos”. Pero, en este punto, debemos comprender que, “es por eso que Jesús abre nuestros ojos a la realidad. Estamos llamados a la felicidad, a ser bendecidos, y nos convertimos así desde el momento en que nos colocamos del lado de Dios, de su Reino, del lado de lo que no es efímero, sino que perdura para la vida eterna”.

Es importante además dimensionar que, “la liturgia nos invita una vez más a cuestionarnos a nosotros mismos y hacer verdad en nuestros corazones”, afirma Francisco. Aportándonos además, “las Bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos anima a no confiar en las cosas materiales y transitorias, a no buscar la felicidad siguiendo a los vendedores de humo, que a menudo son vendedores de la muerte, los profesionales de la ilusión”.

Su Santidad Francisco profundiza aún más, declarando, “no debemos seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza. El Señor nos ayuda a abrir los ojos, a adquirir una visión más penetrante de la realidad, a sanar de la miopía crónica que el espíritu mundano nos infecta. Con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad”.

A continuación compartimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 6, 17-20-26) presenta las Bienaventuranzas en la versión de San Lucas. El texto está articulado en cuatro Bienaventuranzas y cuatro advertencias formuladas con la expresión “problemas para usted”. Con estas palabras, fuerte e incisivo, Jesús abre nuestros ojos, nos muestra con su mirada, más allá de las apariencias, más allá de la superficie, y nos enseña a discernir situaciones con fe.

Jesús declara bendecidos los pobres, los hambrientos, los afligidos, los perseguidos; y amonesta a los ricos, saciados, riendo y aclamados por la gente. La razón de esta felicidad paradójica radica en el hecho de que Dios está cerca de los que sufren e interviene para liberarlos de su esclavitud; Jesús ve esto, ya ve la dicha más allá de la realidad negativa. E igualmente, el “problema para usted”, dirigido a quienes hoy lo están haciendo bien, se usa para “despertarlos” del peligroso engaño del egoísmo y abrirlos a la lógica del amor, siempre y cuando estén a tiempo de hacerlo.

La página del Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre el profundo significado de tener fe, que consiste en confiar totalmente en el Señor. Se trata de derribar ídolos mundanos para abrir el corazón al Dios vivo y verdadero; Solo él puede dar a nuestra existencia la plenitud tan deseada y difícil de alcanzar. Hermanos y hermanas, hay muchos, de hecho, incluso en nuestros días, los que se proponen a sí mismos como dispensadores de felicidad: vienen y prometen éxito en poco tiempo, grandes beneficios a la mano, soluciones mágicas para cada problema, etc. Y aquí es fácil deslizarse sin darse cuenta en pecado contra el primer mandamiento: es decir, idolatría, reemplazando a Dios con un ídolo. ¡La idolatría y los ídolos parecen cosas de otros tiempos, pero en realidad son de todos los tiempos! Incluso hoy. Describen algunas actitudes contemporáneas mejor que muchos análisis sociológicos.

Es por eso que Jesús abre nuestros ojos a la realidad. Estamos llamados a la felicidad, a ser bendecidos, y nos convertimos así desde el momento en que nos colocamos del lado de Dios, de su Reino, del lado de lo que no es efímero, sino que perdura para la vida eterna. Nos alegramos si nos reconocemos a nosotros mismos en necesidad de Dios, y esto es muy importante: “Señor, te necesito”, y si, como él y con él, estamos cerca de los pobres, los afligidos y los hambrientos. Nosotros también estamos ante Dios: somos pobres, afligidos, tenemos hambre delante de Dios. Somos capaces de gozar cada vez que, al poseer los bienes de este mundo, no hacemos ídolos para vaciar nuestra alma, pero somos capaces de Compírtelos con nuestros hermanos. En este día de hoy, la liturgia nos invita una vez más a cuestionarnos a nosotros mismos y hacer verdad en nuestros corazones.

Las Bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos anima a no confiar en las cosas materiales y transitorias, a no buscar la felicidad siguiendo a los vendedores de humo, que a menudo son vendedores de la muerte, los profesionales de la ilusión. No debemos seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza. El Señor nos ayuda a abrir los ojos, a adquirir una visión más penetrante de la realidad, a sanar de la miopía crónica que el espíritu mundano nos infecta. Con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad. En resumen, lo que realmente da sentido y plenitud a nuestras vidas. Que la Virgen María nos ayude a escuchar este Evangelio con una mente y un corazón abiertos, para que fructifique en nuestras vidas y seamos testigos de la felicidad que no decepciona, la de Dios que nunca decepciona.

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