Papa Francisco | Jesús es muy claro y defiende la dignidad del matrimonio, como una unión de amor que implica fidelidad, el resumen se desprende de las palabras del Santo Padre antes de recitar la oración Mariana, en el medio día de hoy. Desde la ventana del Estudio de Palacio Apostólico Vaticano, frente a los peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro, Su Santidad habló sobre el Evangelio de hoy, (cf. Mc 10,2-16) nos ofrece la palabra de Jesús sobre el matrimonio.

En se desprende la enseñanza que habla, sobre la historia donde se narra la provocación de los fariseos que le preguntan a Jesús si es lícito que un esposo se divorcie de su esposa, como lo establece la ley de Moisés (véanse los versículos 2-4). El Santo Padre nos explica, “Jesús toma el Libro de Génesis: “Desde el principio de la creación (Dios) los hizo hombres y mujeres; por esta razón, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y los dos se convertirán en una sola carne “(versículos 6-7). Y concluye: “Por lo tanto, el hombre no divide lo que Dios ha unido” (versículo 9)”.

Por tal razón, el Santo Padre basado en esa afirmación del Evangelio nos señala que, “(…) hay un hombre y una mujer llamados a reconocerse, a completarse, a ayudarse mutuamente en el matrimonio”. Agregando, “(…) Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio, como una unión de amor que implica fidelidad”.

Avanzando en su catequesis, Su Santidad afirma que en, el plan de Dios, se destaca,  “la fuerza y ​​la belleza de las relaciones humanas. Por un lado, la Iglesia no se cansa de confirmar la belleza de la familia que nos dan las Escrituras y la Tradición (…)”.

Afirmando que la Iglesia, “(…), se esfuerza por hacer que su cercanía materna se sienta concretamente en aquellos que viven la experiencia de relaciones rotas o continúan de una manera dolorosa y agotadora”. Casi en el final, el Santo Padre afirma, “la forma de actuar de Dios con su gente infiel, es decir, con nosotros, nos enseña que el amor herido puede ser curado por Dios a través de la misericordia y el perdón”.

A continuación compartimos la interpretación del italiano al castellano, de las palabras antes del Santo Padre Francisco, antes de recitar la oración mariana:

Antes del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Mc 10,2-16) nos ofrece la palabra de Jesús sobre el matrimonio. La historia comienza con la provocación de los fariseos que le preguntan a Jesús si es lícito que un esposo se divorcie de su esposa, como lo establece la ley de Moisés (véanse los versículos 2-4). Jesús, sobre todo, con la sabiduría y la autoridad que le llega del Padre, reduce el tamaño de la receta mosaica diciendo: “Por la dureza de su corazón, es decir, el antiguo legislador, escribió esta regla para usted” (v. 5). Esta es una concesión que sirve para amortiguar los defectos producidos por nuestro egoísmo, pero no corresponde a la intención original del Creador.

Y aquí Jesús toma el Libro de Génesis: “Desde el principio de la creación (Dios) los hizo hombres y mujeres; por esta razón, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y los dos se convertirán en una sola carne “(versículos 6-7). Y concluye: “Por lo tanto, el hombre no divide lo que Dios ha unido” (versículo 9). En el proyecto original del Creador, no hay un hombre que se case con una mujer y, si las cosas no van, la repudia. No. En cambio, hay un hombre y una mujer llamados a reconocerse, a completarse, a ayudarse mutuamente en el matrimonio.

Esta enseñanza de Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio, como una unión de amor que implica fidelidad. Lo que permite que las parejas casadas permanezcan unidas en el matrimonio es un amor de entrega mutua sostenida por la gracia de Cristo. Si, por otro lado, el interés y la satisfacción individual prevalecen en los cónyuges, entonces su unión no puede resistir.

Y es la misma página del Evangelio que nos recuerda, con gran realismo, que el hombre y la mujer, llamados a vivir la experiencia de la relación y el amor, pueden hacer gestos dolorosos que los ponen en crisis. Jesús no admite todo lo que puede llevar al hundimiento de la relación. Lo hace para confirmar el plan de Dios, en el que se destacan la fuerza y ​​la belleza de las relaciones humanas. Por un lado, la Iglesia no se cansa de confirmar la belleza de la familia que nos dan las Escrituras y la Tradición; al mismo tiempo, se esfuerza por hacer que su cercanía materna se sienta concretamente en aquellos que viven la experiencia de relaciones rotas o continúan de una manera dolorosa y agotadora.

La forma de actuar de Dios con su gente infiel, es decir, con nosotros, nos enseña que el amor herido puede ser curado por Dios a través de la misericordia y el perdón. Por lo tanto, en estas situaciones, la Iglesia no es inmediatamente solicitada y solo la condena. Por el contrario, ante tantos fracasos matrimoniales dolorosos, se siente llamada a vivir su presencia de amor, de caridad y de misericordia, para devolver a Dios los corazones heridos y perdidos.

Invocamos a la Virgen María para ayudar a los esposos a vivir y renovar su unión siempre a partir del don original de Dios.

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