Papa Francisco | La disponibilidad para Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades de los demás, así lo afirmó el Santo Padre Francisco en su mensaje brindado en el medio día de hoy al presentarse en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano. En la Solemnidad de María Inmaculada, el Su Santidad Francisco se dirigió a los peregrinos del mundo presentes en Plaza San Pedro antes de recitar la oración Mariana del Ángelus.

El Santo Padre señaló, “(…) en la celebración de hoy se nos dice que ya se ha logrado algo, en la persona y en la vida de la Virgen María. Hoy consideramos el comienzo de este cumplimiento, que aún es anterior al nacimiento de la Madre del Señor”.

Situándonos en lo vivido por  la Madre de Jesús, el Pontífice profundizaba, “(…), su inmaculada concepción nos lleva a ese preciso momento en que la vida de María comenzó a palpitar en el vientre de su madre: ya existía el amor santificador de Dios, que la preservaba del contagio del mal que es una herencia común de la familia humana”.

Avanzando, el Santo Padre, recordó, “en el Evangelio de hoy resuena el saludo del Ángel a María: “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo” (Lc 1:28)”. Aclarando inmediatamente, dijo, “pero para ser llenado, es necesario hacer espacio, vaciarse, hacerse a un lado. Al igual que María, que sabía escuchar la Palabra de Dios y confiar plenamente en su voluntad, aceptándola sin reservas en su vida”.

Pero, cómo logró María cumplir esa misión, así lo describió Su Santidad Francisco, “esto fue posible gracias a su “sí”. Al ángel que le pide disponibilidad para convertirse en la madre de Jesús, María responde: “He aquí la sierva del Señor: que sea para mí según tu palabra” (v. 38)”.

El Santo Padre, nos revelaba, “María no se pierde en tantos argumentos, no pone obstáculos en el camino del Señor, sino que confía rápidamente y deja espacio para la acción del Espíritu Santo”. Avanzando, destaca de la Virgen, “(…) correspondiendo perfectamente al plan de Dios para ella, María se convierte en la “toda bella”, la “toda santa”, pero sin el más mínimo indicio de complacencia. El es humilde. Ella es una obra maestra, pero sigue siendo humilde, pequeña, pobre. En ella se refleja la belleza de Dios, que es todo amor, gracia, entrega”.

Su Santidad, entonces resalta, que, “(…) la palabra con la que María se define en su entrega a Dios: profesa “la sierva del Señor”. El “sí” de María a Dios asume desde el principio la actitud de servicio, de atención a las necesidades de los demás. El hecho de la visita a Isabel, que sigue inmediatamente a la Anunciación, lo atestigua. La disponibilidad para Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades de los demás”.

En el final de su mensaje, el Santo Padre nos señala fehacientemente, “las obras de misericordia se hacen en silencio, en secreto, sin jactarse de hacerlas. Incluso en nuestras comunidades, estamos llamados a seguir el ejemplo de María, practicando el estilo de discreción y ocultamiento”.

A continuación, compartimos con ustedes, la interpretación del italiano al castellano del mensaje brindado por Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos la solemnidad de María Inmaculada, que tiene lugar en el contexto del Adviento, un tiempo de espera. Pero en la celebración de hoy se nos dice que ya se ha logrado algo, en la persona y en la vida de la Virgen María. Hoy consideramos el comienzo de este cumplimiento, que aún es anterior al nacimiento de la Madre del Señor. De hecho, su inmaculada concepción nos lleva a ese preciso momento en que la vida de María comenzó a palpitar en el vientre de su madre: ya existía el amor santificador de Dios, que la preservaba del contagio del mal que es una herencia común de la familia humana.

En el Evangelio de hoy resuena el saludo del Ángel a María: “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo” (Lc 1:28). Dios siempre lo pensó y lo quiso, en su diseño inescrutable, como una criatura llena de gracia, que está llena de su amor. Pero para ser llenado, es necesario hacer espacio, vaciarse, hacerse a un lado. Al igual que María, que sabía escuchar la Palabra de Dios y confiar plenamente en su voluntad, aceptándola sin reservas en su vida. Tanto es así que en ella, la Palabra se ha hecho carne. Esto fue posible gracias a su “sí”. Al ángel que le pide disponibilidad para convertirse en la madre de Jesús, María responde: “He aquí la sierva del Señor: que sea para mí según tu palabra” (v. 38).

María no se pierde en tantos argumentos, no pone obstáculos en el camino del Señor, sino que confía rápidamente y deja espacio para la acción del Espíritu Santo. Inmediatamente pone a disposición de Dios todo su ser y su historia personal, para que la Palabra y la voluntad de Dios puedan darles forma y completarlos. Por lo tanto, correspondiendo perfectamente al plan de Dios para ella, María se convierte en la “toda bella”, la “toda santa”, pero sin el más mínimo indicio de complacencia. El es humilde. Ella es una obra maestra, pero sigue siendo humilde, pequeña, pobre. En ella se refleja la belleza de Dios, que es todo amor, gracia, entrega.

También me gusta enfatizar la palabra con la que María se define en su entrega a Dios: profesa “la sierva del Señor”. El “sí” de María a Dios asume desde el principio la actitud de servicio, de atención a las necesidades de los demás. El hecho de la visita a Isabel, que sigue inmediatamente a la Anunciación, lo atestigua. La disponibilidad para Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades de los demás. Todo esto sin clamor ni ostentación, sin buscar lugares de honor, sin publicidad, porque la caridad y las obras de misericordia no necesitan ser exhibidas como un trofeo. Las obras de misericordia se hacen en silencio, en secreto, sin jactarse de hacerlas. Incluso en nuestras comunidades, estamos llamados a seguir el ejemplo de María, practicando el estilo de discreción y ocultamiento.

La fiesta de nuestra Madre nos ayuda a hacer de nuestra vida un “sí” a Dios, un “sí” hecho de adoración a Él y gestos diarios de amor y servicio.

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