Papa Francisco | La fe nos da la capacidad de mirar con esperanza los acontecimientos de la vida, la afirmación se desprende como síntesis de las palabras brindadas por el Santo Padre en el medio día, cuando antes de recitar la oración mariana se dirigió a los peregrinos del mundo presentes en Plaza San Pedro. Luego de la finalización de la celebración de Santa Misa en la apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Pan-Amazónica, se traslado al estudio Apostólico, desde donde nos habló sobre el Evangelio de hoy (ver Lucas 17: 10-10) presenta el tema de la fe, presentado por la solicitud de los discípulos: “Aumenta la fe en nosotros” (v. 6), y rezó el Ángelus.

El Santo Padre Francisco nos decía sobre el Evangelio, “una hermosa oración, que debemos orar tanto durante el día: “Señor, ¡aumenta la fe en mí!” Jesús responde con dos imágenes: la semilla de mostaza y el sirviente disponible. “Si tuvieras fe tanto como una semilla de mostaza, podrías decirle a este árbol de morera:” Desarraigado e ir a plantarte en el mar “, y te obedecería” (v. 6)”.

Agregando, nos subraya, “Jesús, por lo tanto, quiere dejar en claro que la fe, aunque sea pequeña, puede tener la fuerza para desarraigar incluso una mora. Y luego trasplantarlo al mar, lo cual es algo aún más improbable: pero nada es imposible para aquellos que tienen fe, porque no confían en su propia fuerza, sino en Dios, que puede hacer todo”.

Su Santidad, nos revela entonces, “la fe comparable a la semilla de mostaza es una fe que no es soberbia y segura de sí misma”. Agregando, “es una fe que, en su humildad, siente una gran necesidad de Dios y en poco se abandona con total confianza en Él. Es la fe la que nos da la capacidad de mirar con esperanza las vicisitudes alternativas de la vida, lo que nos ayuda a aceptar también las derrotas, los sufrimientos, en la conciencia de que el mal nunca tiene, nunca tendrá, la última palabra”.

Además, el Santo Padre nos preguntaba, cómo podemos saber cómo es nuestra fe, allí nos recordó que, “Jesús nos lo explica al indicar, cuál es la medida de la fe: el servicio. Y lo hace con una parábola que a primera vista es un poco desconcertante, porque presenta la figura de un maestro mandón e indiferente. Pero precisamente esta forma de actuar del maestro pone de manifiesto cuál es el verdadero centro de la parábola, esa es la actitud de disponibilidad del servidor”.

En final nos Su Santidad recordó la frase, “”Cuando hayas hecho todo lo que se te ha ordenado, di:” Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer “” (v. 10)”. Agregando, “servidores inútiles, es decir, sin pretender agradecer, sin reclamos. “Somos siervos inútiles” es una expresión de humildad, disponibilidad que es tan buena para la Iglesia y recuerda la actitud correcta para trabajar en ella: el servicio humilde del que Jesús nos dio el ejemplo, lavando los pies de los discípulos ( ver Jn 13: 3-17)”.

A continuación compartimos con ustedes, el mensaje brindado por el Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La página del Evangelio de hoy (ver Lucas 17: 10-10) presenta el tema de la fe, presentado por la solicitud de los discípulos: “Aumenta la fe en nosotros” (v. 6). Una hermosa oración, que debemos orar tanto durante el día: “Señor, ¡aumenta la fe en mí!” Jesús responde con dos imágenes: la semilla de mostaza y el sirviente disponible. “Si tuvieras fe tanto como una semilla de mostaza, podrías decirle a este árbol de morera:” Desarraigado e ir a plantarte en el mar “, y te obedecería” (v. 6). La morera es un árbol robusto, bien enraizado en la tierra y resistente a los vientos. Jesús, por lo tanto, quiere dejar en claro que la fe, aunque sea pequeña, puede tener la fuerza para desarraigar incluso una mora. Y luego trasplantarlo al mar, lo cual es algo aún más improbable: pero nada es imposible para aquellos que tienen fe, porque no confían en su propia fuerza, sino en Dios, que puede hacer todo.

La fe comparable a la semilla de mostaza es una fe que no es soberbia y segura de sí misma; ¡No pretende ser el de un gran creyente que a veces hace el tonto! Es una fe que, en su humildad, siente una gran necesidad de Dios y en poco se abandona con total confianza en Él. Es la fe la que nos da la capacidad de mirar con esperanza las vicisitudes alternativas de la vida, lo que nos ayuda a aceptar también las derrotas, los sufrimientos, en la conciencia de que el mal nunca tiene, nunca tendrá, la última palabra.

¿Cómo podemos entender si realmente tenemos fe, es decir, si nuestra fe, aunque pequeña, es genuina, pura, genuina? Jesús nos lo explica al indicar cuál es la medida de la fe: el servicio. Y lo hace con una parábola que a primera vista es un poco desconcertante, porque presenta la figura de un maestro mandón e indiferente. Pero precisamente esta forma de actuar del maestro pone de manifiesto cuál es el verdadero centro de la parábola, esa es la actitud de disponibilidad del servidor. Jesús quiere decir que así es el hombre de fe con Dios: se vuelve completamente a su voluntad, sin cálculos ni afirmaciones.

Esta actitud hacia Dios también se refleja en la forma de comportarse en comunidad: se refleja en la alegría de estar al servicio de los demás, encontrando en esto su propia recompensa y no en los reconocimientos y las ganancias que pueden derivarse de ella. Esto es lo que Jesús enseña al final de esta historia: “Cuando hayas hecho todo lo que se te ha ordenado, di:” Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer “” (v. 10).

Servidores inútiles, es decir, sin pretender agradecer, sin reclamos. “Somos siervos inútiles” es una expresión de humildad, disponibilidad que es tan buena para la Iglesia y recuerda la actitud correcta para trabajar en ella: el servicio humilde del que Jesús nos dio el ejemplo, lavando los pies de los discípulos ( ver Jn 13: 3-17). Que la Virgen María, una mujer de fe, nos ayude a seguir este camino. Nos dirigimos a ella en la víspera de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en comunión con los fieles reunidos en Pompeya para la tradicional Súplica.

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