Papa Francisco | La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone

Publicado el3 mayo, 2020

Papa Francisco | La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone, así lo afirmó el Santo Padre en el medio día de hoy, antes de recitar la oración de Regina Caeli. Desde la Biblioteca de Palacio Apostólico Vaticano, Su Santidad Francisco, en el cuarto domingo de Pascua, dedicado a Jesús el Buen Pastor, centró su mensaje en el Evangelio: «Las ovejas escuchan su voz: llama a sus ovejas, cada una por su nombre» (Jn 10, 3).

Al respecto, decía, “el Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Sin embargo, dice el Evangelio, hay otras voces que no deben seguirse: las de extraños, ladrones y ladrones que quieren el mal de las ovejas”. Agregando, “está la voz de Dios, que amablemente habla a la conciencia, y está la voz tentadora que conduce al mal. ¿Cómo podemos reconocer la voz del Buen Pastor de la del ladrón, cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno?”

Estas dos incógnitas las respondía el Santo Padre explicándonos, “la voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. En cambio, la mala voz seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras pero pasajeras”.

Continuando, agrega el Pontífice, “la voz de Dios es una voz que tiene un horizonte, en cambio, la voz del malo te lleva a una pared, te lleva a la esquina”. A lo que agregó, “otra diferencia, la voz del enemigo distrae del presente y quiere que nos centremos en los temores del futuro o en la tristeza del pasado (el enemigo no quiere el presente): trae de vuelta la amargura, los recuerdos de los males sufridos, de aquellos que nos hieren … Muchos malos recuerdos”.

Avanzando, Su Santidad Francisco nos señalaba, “la voz de Dios habla en el presente: «Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes ejercer la creatividad del amor, ahora puedes renunciar a los remordimientos y remordimientos que mantienen preso a tu corazón». Nos anima, nos lleva hacia adelante, pero habla al presente: ahora”.

A continuación, compartimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje brindado por Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El cuarto domingo de Pascua, que celebramos hoy, está dedicado a Jesús el Buen Pastor. El Evangelio dice: «Las ovejas escuchan su voz: llama a sus ovejas, cada una por su nombre» (Jn 10, 3). El Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Sin embargo, dice el Evangelio, hay otras voces que no deben seguirse: las de extraños, ladrones y ladrones que quieren el mal de las ovejas.

Estas diferentes voces resuenan dentro de nosotros. Está la voz de Dios, que amablemente habla a la conciencia, y está la voz tentadora que conduce al mal. ¿Cómo podemos reconocer la voz del Buen Pastor de la del ladrón, cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno? Puedes aprender a discernir estas dos voces: de hecho, hablan dos idiomas diferentes, es decir, tienen formas opuestas de tocar nuestro corazón. Ellos hablan diferentes idiomas como sabemos, cómo distinguir un idioma de otro, también podemos distinguir la voz de Dios y la voz del maligno. La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. En cambio, la mala voz seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras pero pasajeras. Al principio engatusa, nos hace creer que somos omnipotentes, pero luego nos deja con el vacío en el interior y nos acusa: «No vales nada». La voz de Dios, por otro lado, nos corrige, con mucha paciencia, pero siempre nos anima, nos consuela: siempre alimenta la esperanza. La voz de Dios es una voz que tiene un horizonte, en cambio, la voz del malo te lleva a una pared, te lleva a la esquina.

Otra diferencia La voz del enemigo distrae del presente y quiere que nos centremos en los temores del futuro o en la tristeza del pasado (el enemigo no quiere el presente): trae de vuelta la amargura, los recuerdos de los males sufridos, de aquellos que nos hieren … Muchos malos recuerdos. En cambio, la voz de Dios habla en el presente: «Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes ejercer la creatividad del amor, ahora puedes renunciar a los remordimientos y remordimientos que mantienen preso a tu corazón». Nos anima, nos lleva hacia adelante, pero habla al presente: ahora.

Nuevamente: las dos voces plantean diferentes preguntas en nosotros. Lo que viene de Dios será: «¿Qué es bueno para mí?». En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: «¿Qué voy a hacer?». Qué quiero: la mala voz siempre gira en torno al yo, sus impulsos, sus necesidades, todo de inmediato. Es como los caprichos de los niños: todo y ahora. La voz de Dios, sin embargo, nunca promete alegría a precios bajos: nos invita a ir más allá de nosotros mismos para encontrar el verdadero bien, la paz. Recuerde: el mal nunca da paz, pone frenesí antes y deja amargura después. Este es el estilo del mal.

Finalmente, la voz de Dios y la del tentador hablan en diferentes «ambientes»: el enemigo prefiere la oscuridad, la mentira, el chisme; El Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia sincera. El enemigo nos dirá: «¡Ciérrate, para que nadie te entienda y te escuche, no confíes!». Por el contrario, lo bueno nos invita a abrirnos, a ser claros y seguros en Dios y en los demás. Queridos hermanos y hermanas, en este momento muchos pensamientos y preocupaciones nos llevan a reingresar a nosotros mismos. Prestamos atención a las voces que llegan a nuestro corazón. Preguntemos de dónde vienen. Pedimos la gracia de reconocer y seguir la voz del Buen Pastor, que nos saca de los recintos del egoísmo y nos lleva a los pastos de la verdadera libertad. Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo, guía y acompaña nuestro discernimiento.

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