Papa Francisco | Nuestra vida cotidiana está impregnada por la presencia de Jesús, así se expresaba el Santo Padre en el mensaje brindado junto los integrantes del Círculo San Pedro, en la sala Clementina de Palacio Apostólico. La institución se encuentra celebrando su 150° Aniversario de fundación, en tal sentido se reunían con el Pontífice, quien los alentó a continuar con su labor.

Luego del saludo formal a los presentes, el Santo Padre les señalaba sobre la importancia del trabajo desplegado durante este siglo y medio del Círculo San Pedro, al respecto decía, “(…) este largo período de su existencia, las líneas programáticas originales, sintetizadas en las tres piedras angulares: oración, acción, sacrificio, nunca han fallado en su Círculo”. En referencia a estas directrices adoptadas, el Papa se explayó sobre la oración, “si Jesús está presente en el hermano con el que nos encontramos, entonces la actividad voluntaria puede convertirse en una experiencia de Dios y de la oración”.

Además les dijo, que la fortaleza y la importancia de la oración “requiere ser alimentado con oraciones apropiadas y escuchar la Palabra de Dios. El secreto de la efectividad de cada uno de sus proyectos es fidelidad a Cristo y relación personal con él en oración”. Agregando, “(…) nuestra vida cotidiana está impregnada por la presencia de Jesús, bajo cuya mirada también debemos colocar los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los ancianos, los temores de los pobres, la fragilidad de los excluidos”.

También el Santo Padre nos señala, “cada persona pobre es digna de nuestra preocupación, independientemente de la religión, el origen étnico o cualquier otra condición”. Casi en el final, el Papa afirmaba, “en una época de grandes cambios y persistente precariedad económica, en la que la comunidad eclesial se siente llamada a proclamar nuevamente el mensaje cristiano y su poder de humanización, debe tener en cuenta que su trabajo aún tiene un papel importante que desempeñar”.

A continuación compartimos con ustedes la interpretación del italiano al castellano del mensaje del Santo Padre Francisco:

Queridos Miembros del Círculo de San Pedro!

Me complace darle la bienvenida y saludarles cordialmente. Extiendo mis pensamientos a su familia y a todos aquellos que trabajan con usted en sus diversas actividades caritativas. Agradezco a su presidente, Duca Leopoldo Torlonia, sus amables palabras. Esta reunión tiene un carácter especial, ya que se encuentra en el 150 aniversario de la fundación de su asociación, que comenzó en 1869 por iniciativa de algunos jóvenes romanos. Estaban animados por el deseo de presenciar un apoyo concreto y una fidelidad incondicional al Papa Pío IX, en un momento de incomprensión entre la Iglesia y el Estado. Esta fidelidad se manifestó a través de gestos de solidaridad que se realizarán en favor de los pobres de Roma; así, el club se convirtió en el manuscrito del Papa hacia los sectores más desfavorecidos de la población.

Junto con ustedes, alabo al Señor por el bien logrado en estos 150 años, con un pensamiento de gratitud por los Miembros de ayer y por los de hoy. En este largo período de su existencia, las líneas programáticas originales, sintetizadas en las tres piedras angulares: oración, acción, sacrificio, nunca han fallado en su Círculo. Han sido la base del maravilloso florecimiento de las actividades en el área de la caridad y la aceptación de las últimas. De estas características distintivas dependerá de la vitalidad apostólica y del futuro de su asociación: lo aliento a seguir con entusiasmo renovado. En particular, me gustaría recordar su reflexión sobre uno de estos tres puntos fundamentales: la oración.

Si Jesús está presente en el hermano con el que nos encontramos, entonces la actividad voluntaria puede convertirse en una experiencia de Dios y de la oración. No olvide la fortaleza y la importancia de la oración para usted y para todos aquellos involucrados en el trabajo caritativo: requiere ser alimentado con oraciones apropiadas y escuchar la Palabra de Dios. El secreto de la efectividad de cada uno de sus proyectos es fidelidad a Cristo y relación personal con él en oración. Estarás tan preparado para socorrer a quienes hoy viven en condiciones de penuria o abandono. De hecho, nuestra vida cotidiana está impregnada por la presencia de Jesús, bajo cuya mirada también debemos colocar los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los ancianos, los temores de los pobres, la fragilidad de los excluidos.

También en nuestros días, su precioso servicio, articulado en varias comisiones, quiere ser una expresión eficaz y un testimonio vivo del amor que la Iglesia y, en particular, la Santa Sede reservan para los pobres y los que sufren. Se están dirigiendo principalmente a los sectores de la pobreza humana en Roma, participando generosamente en las situaciones y necesidades de muchos hermanos y hermanas. Continúe prestando gran atención a la nueva pobreza, intentando en cada situación brindar consuelo y ayudar a los más pobres, sin distinción alguna. Cada persona pobre es digna de nuestra preocupación, independientemente de la religión, el origen étnico o cualquier otra condición. Al ir a encontrarte con los pobres, para aliviar a los enfermos y sufrientes, sirves a Jesús, quien aseguró: “Todo lo que has hecho a uno de estos hermanos míos más pequeños, me lo hiciste a mí” (Mt 25, 40).

Su institución loable, aunque ha estado presente durante mucho tiempo en el tejido social romano, lleva consigo los ideales evangélicos y una vitalidad que aún hoy la hace adecuada para ofrecer una contribución válida también en el campo de la recepción y el apostolado de la caridad. En una época de grandes cambios y persistente precariedad económica, en la que la comunidad eclesial se siente llamada a proclamar nuevamente el mensaje cristiano y su poder de humanización, debe tener en cuenta que su trabajo aún tiene un papel importante que desempeñar.

Le agradezco todo lo que hace y el don de San Pedro, que como usted ha venido a darme todos los años: es un signo más de apertura hacia las personas necesitadas. Al mismo tiempo, es una participación concreta en la solicitud de la Sede Apostólica para responder a las crecientes urgencias de la Iglesia, especialmente en los países más pobres. Deseo una vez más expresar mi profundo aprecio por su compromiso, animado por la fidelidad convencida y la adhesión al Sucesor de Pedro. Que la Santísima Virgen acompañe y apoye con su protección materna sus intenciones y sus buenos proyectos.

Les pido que oren por mí y por mi servicio a la Iglesia, y les imparto cordialmente aquí presente, así como a aquellos que lo asisten en sus diversas actividades, la Bendición Apostólica, que voluntariamente extiendo a sus familias. Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *