Papa Francisco | Nuestros hermanos necesitan nuestra oración y experimentar nuestra cercanía

Publicado el29 abril, 2020

Papa Francisco | Nuestros hermanos necesitan nuestra oración y experimentar nuestra cercanía, así lo manifestaba el Santo Padre Francisco en la mañana de hoy al celebrar la audiencia general en la Biblioteca de Palacio Apostólico Vaticano. La afirmación del título se desprende del resumen en lengua española compartida por la Sala de Prensa del Vaticano en el Boletín diario de la jornada, en su mensaje, el Santo Padre Francisco,  reanudando el ciclo de catequesis sobre las Bienaventuranzas, centró su meditación en la octava y final, titulada: «Bienaventurados los perseguidos por justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 10).

A continuación, compartimos el mensaje del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy concluimos las catequesis dedicadas a las bienaventuranzas, y lo hacemos con la última de ellas que proclama la alegría que viene de la persecución a causa de la justicia. Esta bienaventuranza culmina un camino, que es el que conduce de una vida según este mundo a la de Dios, de una vida guiada por el egoísmo a la del Espíritu.

El mundo con sus ídolos y con sus estructuras de pecado no puede permitir un estilo de vida según el Espíritu de la verdad, por lo que rechaza la enseñanza del Evangelio, tachándola como un problema que se debe desechar y arrinconar. Esto muestra que la persecución lleva a la liberación interior, que rompe con las ataduras del mundo, produciendo una gran alegría, porque se ha encontrado un verdadero tesoro mucho mayor al que puede ofrecer el mundo. Por eso, tenemos que recordar a tantos cristianos, hermanos nuestros, que sufren persecución en diferentes partes del mundo. Ellos necesitan nuestra oración y experimentar nuestra cercanía.

La bienaventuranza que hoy meditamos no debe leerse en clave victimista. De hecho, no todo desprecio de los hombres es sinónimo de persecución. Jesús nos dice que somos «sal de la tierra», y llama nuestra atención ante el peligro de “perder el sabor”, porque no serviría más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente. El cristiano está llamado a vivir el espíritu de las bienaventuradas y que toda su vida haga gustar a los demás el buen sabor de Cristo y del Evangelio.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. Los animo a seguir la senda de las bienaventuranzas, haciéndolas vida con quienes tienen cerca y sufren, de modo particular en estos momentos de adversidad y dificultad. El Señor les concederá experimentar, en medio de las circunstancias que les toca vivir, una gran alegría y paz interior. Que Dios los bendiga.

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