Papa Francisco | Para vivir plenamente la misión hay una condición indispensable: la oración, ésta síntesis se desprende del mensaje brindado por Su Santidad en el medio día de hoy antes de recitar la oración mariana del Ángelus. Luego de la celebración de la Santa Misa por la Jornada Mundial Misionera, el Santo Padre se trasladó hasta la ventana del Estudio Apostólico Vaticano, desde donde se dirigió a los peregrinos del mundo reunidos en Plaza San Pedro.

En ésta oportunidad, se refería a la lectura de la liturgia del día, la cual habla sobre la exhortación del apóstol Pablo dirigida a su fiel colaborador Timoteo, “Anuncia la Palabra, insiste en el momento oportuno y no oportuno, amonesta, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y enseñanza” (2Tm 4,2). A lo que agregó, “el tono es sincero: Timoteo debe sentirse responsable del anuncio de la Palabra”.

Avanzando y valorizando que hoy se celebra la Jornada Mundial de la Misericordia, el Santo Padre Francisco, señaló, “que cada persona bautizada sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación de la Palabra, en el anuncio del Reino de Dios a través de un compromiso renovado. El Papa Benedicto XV, hace cien años, para dar un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia promulgó la Carta Apostólica Máxima ilusión”.

Continuando, dijo, “en el contexto cambiante de hoy, el mensaje de Benedicto XV sigue siendo relevante y nos anima a superar la tentación de cualquier cierre autorreferencial y cualquier forma de pesimismo pastoral, para abrirnos a la alegre novedad del Evangelio. En nuestro tiempo, marcado por una globalización que debería ser solidaria y respetuosa de la particularidad de los pueblos, y en cambio aún sufre de homologación y los viejos conflictos de poder que alimentan las guerras y arruinan el planeta (…)”.

Casi en el final de sus palabras, Su Santidad Francisco, destacó, “Cristo es nuestra paz y en Él se supera toda división, solo en Él está la salvación de cada hombre y de cada pueblo”. Revelándonos, afirmó, “para vivir plenamente la misión hay una condición indispensable: la oración, una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que cuenta una parábola «sobre la necesidad de orar siempre, sin cansarse. nunca “(Lc 18, 1)”.

A continuación compartimos con ustedes la interpretación del italiano al castellano del mensaje brindado por Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La segunda lectura de la liturgia de hoy nos propone la exhortación que el apóstol Pablo dirige a su fiel colaborador Timoteo: “Anuncia la Palabra, insiste en el momento oportuno y no oportuno, amonesta, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y enseñanza” (2Tm 4,2). El tono es sincero: Timoteo debe sentirse responsable del anuncio de la Palabra.

El Domingo de la Misión Mundial, que se celebra hoy, es una oportunidad favorable para que cada persona bautizada sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación de la Palabra, en el anuncio del Reino de Dios a través de un compromiso renovado. El Papa Benedicto XV, hace cien años, para dar un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia promulgó la Carta Apostólica Máxima ilusión. Sintió la necesidad de mejorar evangélicamente la misión en el mundo, para que pudiera ser purificada de cualquier incrustación colonial y libre del condicionamiento de las políticas expansionistas de las naciones europeas.

En el contexto cambiante de hoy, el mensaje de Benedicto XV sigue siendo relevante y nos anima a superar la tentación de cualquier cierre autorreferencial y cualquier forma de pesimismo pastoral, para abrirnos a la alegre novedad del Evangelio. En nuestro tiempo, marcado por una globalización que debería ser solidaria y respetuosa de la particularidad de los pueblos, y en cambio aún sufre de homologación y los viejos conflictos de poder que alimentan las guerras y arruinan el planeta, los creyentes están llamados a llevar a todos lados ímpetu, la buena noticia de que la misericordia vence al pecado en Jesús, la esperanza vence al miedo, la fraternidad vence a la hostilidad. Cristo es nuestra paz y en Él se supera toda división, solo en Él está la salvación de cada hombre y de cada pueblo.

Para vivir plenamente la misión hay una condición indispensable: la oración, una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que cuenta una parábola «sobre la necesidad de orar siempre, sin cansarse. nunca “(Lc 18, 1). La oración es el primer apoyo del pueblo de Dios para los misioneros, lleno de afecto y gratitud por su difícil tarea de anunciar y dar la luz y la gracia del Evangelio a quienes aún no lo han recibido. También es una buena oportunidad hoy para preguntarnos: ¿oro por los misioneros? ¿Ruego por los que llegan lejos para traer la Palabra de Dios con un testigo? Pensar en ello.

María, Madre de todos los pueblos, acompaña y protege a los misioneros del Evangelio todos los días.

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