Adoración al Santísimo: Rogamos por las Vocaciones Sacerdotales

Publicado el2 diciembre, 2021

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Adoración al Santísimo -Rogamos por las Vocaciones Sacerdotales-

+ EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

(Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar…)

“Manda Padre, muchos y santos obreros a tu mies. Conserva y santifica a los que ya están (estamos)”

Breve moción de Introducción

Jesús, Esperado que has venido, que vienes y vendrás

Tu espera nos enseña, con perseverancia, rezar.

Esperar es propio del qué Ama confiando que has de regresar.

Por eso hoy confiamos, esperando que han de llegar

Sacerdotes nuevos a tu Iglesia, a esta Iglesia Particular.

Qué eleva su Plegaria, con certeza de escuchar: “Feliz de Ti por has creído,

Qué si pides de Verdad, recibirás lo que pides, pues Yo te lo he de dar”.

Te pedimos nuevos sacerdotes.

Fidelidad y santidad, para lo que están

Suscita respuesta generosa a los que vas a llamar, un Sí como el de María

-a quien visitamos en Luján- y perseverancia a los seminaristas que, en camino- están.

Jesús, Esperando, del Adviento siempre nuevo, no nos dejas de escuchar

Por eso de rodillas, ante Vos nos encontrás…

dos o tres reunidos según Tu voluntad,

aseguramos tu Presencia, aunque siempre estás

y es, que estés en medio nuestro, lo que nos anima a rezar. AMÉN

(Cantar “Aleluia” u otro canto)

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38):

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue. Palabra del Señor

Rezamos juntos, en clave vocacional, este Evangelio.

(Luego del silencio de cada reflexión, un Ave María y/o un canto apropiado)

“En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”.

“Aquel tiempo” es este tiempo. Hoy es aquel hoy. Porque sabemos que Dios es siempre presente y su Palabra es siempre “Hoy”. Podemos decir que Dios “Hoy” a enviado su Palabra a jóvenes de nuestra Comunidad Diocesana: Parroquias, Familias, Ámbito Laboral, Barrios, Escuelas de Formación, etc…. Conoce “su nombre”, el nombre de cada uno de ellos. Sabemos que conocer el nombre, significa para el texto Sagrado, conocer toda su historia: su ayer y su hoy (y para Dios, también su mañana). Por eso el Señor no desconoce a los que llama. Sino que conoce, ama y llama. Así lo hizo con María, la Virgen Madre de Jesús y Madre Nuestra.

Pidamos en este momento de silencio por esos nombres que está pronunciando Jesús, jóvenes que él llama, para que tengan la disponibilidad para escucharlo… lo hacemos en silencio delante de su Presencia en la Eucaristía

“Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».”

La propuesta de Dios es “alegrarnos” el corazón. No hay en Él el mínimo deseo, de que no seamos felices. Quienes nos hemos encontrado con Jesús sabemos la alegría que causa. La propuesta de Dios será siempre vivir y anunciar la “alegría del Evangelio”

Pidamos en este momento renovar la alegría de creer, saber que nuestro testimonio alegre suscitará el deseo, en otros, de que querer conocer más a Dios… lo hacemos en silencio delante de su Presencia en la Eucaristía.

“El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios…”

Una actitud muy común y humana a lo largo de la historia de la Salvación es el temor que suscita saberse elegido por Dios para una misión especial. Todos lo hemos experimentado al sabernos llamados a un COMPROMISO de vida. Es, por la tanto, común que los que Jesús llama HOY, también sientan este temor.

Le pedimos a Jesús que, ellos, puedan vencer ese temor y dar un sí generoso para ser Sacerdotes … en silencio y en su Presencia, rezamos…

“María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»”

El pedido creyente que hace María nos hace pensar en los interrogantes que suelen nacer del corazón de quien son llamados a la vida sacerdotal: ¿Por qué a mí que no soy “tan” bueno? ¿Justo que estoy por empezar la Facultad? ¿Ahora que ya termino de estudiar lo que tanto me costó? ¿A mi edad? ¿Para toda la vida? y otros interrogantes más…

No es malo que estos interrogantes surjan y Dios seguro los responderá.

Lo que la vamos a pedir a Jesús es que esos interrogantes, no sean un impedimento para responder- con generosidad- a Jesús que los llama HOY… Lo hacemos en silencio delante de su Presencia en la Eucaristía.

“El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti… porque ninguna cosa es imposible para Dios»”.

Como decíamos, Dios siempre responderá a todos los interrogantes. Pero luego, no nos deja solo para esa misión que nos confía. No deja solos a los que llama a la vida sacerdotal. La fuerza de su GRACIA acompaña SIEMPRE. No pide según lo que no podemos dar. Pide según Él muy bien sabe cuál es nuestra capacidad- incluso hasta nos sorprendemos de lo que nos hace capaces-. Esa GRACIA es la que brota del ESPÍRITU SANTO recibido en el Bautismo y para toda la vida. Nos acompaña, sostiene, fortalece, cuida… nos lleva por dónde el Padre Dios quiere que caminemos. Es el Espíritu que alentará a los que son llamados al sacerdocio para ese SÍ generoso.

Le pedimos a Jesús que en el momento de recibir el llamado a la Vida Sacerdotal se dejen iluminar por el Espíritu Santo para una respuesta generosa…… en silencio y en su Presencia, rezamos…

“Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»”

Que hermosa respuesta de la Virgen María. En su Sí está el “modelo de toda oración”. Está el modelo de confianza en Dios que “todo lo puede”. Está el modelo de “toda vocación” por lo tanto “modelo de la vocación sacerdotal”. En María se hará Presente Jesús. En el sacerdote, está Jesús “otro Cristo y Cristo Sacerdote”. Cuánto que necesitamos sacerdotes para nuestra Iglesia Diocesana. Cuantos “Sí” generosos y confiados como el de la Virgen María…

Le pedimos a Jesús, que solo broten “Sí” en los que Él llama ahora, en los que están en camino (Luis, Agustín, Tomás y Miguel) y a los sacerdotes que ya están (podemos rezar especialmente por lo que tenemos más cercanos, los que están pasando algún momento de debilidad, etc) y por nuestro obispo Santiago, pastor de toda nuestra FAMILIA DIOCESANA…… lo hacemos en silencio delante de su Presencia en la Eucaristía.

Oremos:

Oh, Dios, que nos dejaste la memoria de tu Pasión en éste admirable Sacramento, concédenos venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu Redención. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Alabanzas eucarísticas: Bendito sea Dios.

Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.

Bendito sea San José, su castísimo esposo.

Bendito sea Dios, en sus Ángeles y en sus Santos.

(El sacerdote da la bendición con el Santísimo. Sino no hay presencia del sacerdote, concluimos haciendo la “Señal de la cruz: En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén)

A continuación, se hace la reserva del Santísimo en el Sagrario. Puede cantarse un canto apropiado.

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