Córdoba | Es una Obra de interés para todos y fundamentalmente para los estudiosos de la historia argentina y de la historia eclesial de la Argentina

Córdoba | Es una Obra de interés para todos y fundamentalmente para los estudiosos de la historia argentina y de la historia eclesial de la Argentina, así se refería, Mons. Santiago Olivera, Delegado Episcopal, para las Causas de los Santos, Conferencia Episcopal Argentina, y Obispo Castrense de Argentina al presentar los volúmenes, Fray Reginaldo Toro, Cartas y escritos, tomo 1 y 2 de autoría de la Lic. Liliana De Denaro. Mons. Santiago se presentaba en la mañana del sábado 19 de noviembre en el Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda, en Córdoba Capital, donde se realizó también una conferencia de prensa.

En el comienzo, el Delegado Episcopal, expresaba, “(…) es una alegría poder presentar así, formalmente podríamos decir, dar a luz” esta obra de la Licenciada Liliana De Denaro. Felizmente ya nos tiene acostumbrados a compartir los frutos de su trabajo, de su seria investigación, su dedicación y su aporte (…)”.

Además, compartía, “este trabajo, tiene el aval del entonces Arzobispo de Córdoba, Monseñor Carlos Ñañez, quien le dio la licencia y la autorización para su publicación. El mismo Arzobispo nos dice que será un homenaje a Fray Reginaldo Toro, el fundador de las hermanas Dominicas de San José, pero que, sin duda, además, ayudará a conocer mejor la personalidad y la obra de este “insigne e infatigable Obispo”. Recordando, “(…) Fray Reginaldo Toro, sacerdote dominico, fue Obispo de Córdoba desde 1888 hasta 1904 y desarrolló una intensa labor apostólica aquí en la provincia, en la Arquidiócesis (…), fundó la Congregación de las Dominicas de San José, empezó la construcción del Seminario Mayor de Ntra. Sra. De Loreto, coronó la imagen de la Santísima Virgen Ntra. Sra. Del Rosario del Milagro”.

Sobre el trabajo de la Licenciada, Mons. Olivera, subrayaba, “cuando uno se sumerge en esta lectura y comienza a conocer las Cartas y toda esta Obra, se descubre una personalidad verdaderamente sólida, podríamos decir también, una personalidad valiente, porque no dudó en decir con firmeza lo que él creía por convicción que debía hacer para ayudar a renovar la vida religiosa.  Dos tomos importantes, grandes tomos, y que eso no les asuste, que es un poco lo que me pasó al principio cuando los recibí, pero que al abordarlo uno tiene esa experiencia y esa alegría de haber conocido más la vida de este hombre que se preocupó por todas las dimensiones de su gente (…)”.

En su ponencia, Mons. Santiago citaba del tomo 2, un fragmento donde habla sobre la realidad de aquel tiempo, donde los avances de movilidad, puntualmente el ferrocarril, la inmigración europea, promoción de leyes, accionar de autoridades civiles y demás, “fueron desalojando a la Iglesia Católica de los espacios que había ocupado hasta entonces, y fue necesario que reformulara su lugar en la sociedad, afrontando las apremiantes necesidades institucionales, religiosas y educativas con los medios y recursos disponibles” (introducción del tomo 2) . Sobre esto, decía el Obispo Castrense de Argentina, “los santos son faros, y por eso deseamos que un día la Iglesia lo confirme, pero mientras tanto la vida de Fray Riginaldo Toro nos ilumina, nos ayuda y nos desafía hoy a cada uno de nosotros para pelear con Misericordia, pelear con claridad, pelear con valentía, con espíritu fraternal, pelear desde la cultura del encuentro, pero de hecho, pelear para conquistar el espacio que pocas décadas atrás, nadie había osado disputar. El tema de disputar aquí, no lo refiero a espacios de poder, sino a espacios de servicio para iluminar y para ayudar a lo que la Iglesia anuncia siempre, hacer que la vida de los hombres sea una vida más humana, una vida más digna, una vida más justa, una vida de mayor progreso en el equilibrio humano y espiritual”.

Finalmente, Mons. Santiago compartía sobre el trabajo de la Lic, Liliana De Denaro, “creo que es una Obra de interés para todos y fundamentalmente para los estudiosos de la historia argentina y de la historia eclesial de la Argentina. Y ahora sí, para terminar quisiera compartir lo que una virgen consagrada que colabora en nuestro Obispado -acerca de lo que conoció de la vida de Fray Reginaldo Toro-, me expresó: ¡Impresionante todo el trabajo de este Obispo, es como Brochero, es como Esquiú!”

A continuación, compartimos en forma completa la presentación de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Presentación del Libro de la Lic. Liliana De Denaro

19 de noviembre de 2022 – Córdoba

Realmente es una alegría poder presentar así, formalmente podríamos decir, “dar a luz” esta obra de la Licenciada Liliana De Denaro. Felizmente ya nos tiene acostumbrados a compartir los frutos de su trabajo, de su seria investigación, su dedicación y su aporte. Conocemos muchas de las obras de la profesora De Denaro acerca de los distintos hombres y mujeres de nuestra Patria y concretamente también de Córdoba, que es sin duda un tesoro que ustedes tienen, como es el caso de esta obra presentada en dos tomos de las Cartas y escritos de Fray Reginaldo Toro.

Este trabajo, tiene el aval del entonces Arzobispo de Córdoba, Monseñor Carlos Ñañez quien le dio la licencia y la autorización para su publicación. El mismo Arzobispo nos dice que será un homenaje a Fray Reginaldo Toro, el fundador de las hermanas Dominicas de San José, pero que, sin duda, además, ayudará a conocer mejor la personalidad y la obra de este “insigne e infatigable Obispo”.

Sabemos que Fray Reginaldo Toro, sacerdote dominico, fue Obispo de Córdoba desde 1888 hasta 1904 y desarrolló una intensa labor apostólica aquí en la provincia, en la Arquidiócesis, misionando, predicando, confirmando y creando nuevas parroquias, alentando nuevas iniciativas apostólicas y caritativas, aún con lo que significaba hacerlo en la extensa diócesis de ese entonces, que no sólo comprendía la provincia de Córdoba sino también la de La Rioja.

Fray Reginaldo Toro, fundó la Congregación de las Dominicas de San José, empezó la construcción del Seminario Mayor de Ntra. Sra. De Loreto, coronó la imagen de la Santísima Virgen Ntra. Sra. Del Rosario del Milagro al cumplirse el tercer centenario de su hallazgo y en su llegada a Córdoba, consagró varios obispos auxiliares que colaboraban con él; también tuvo una destacada participación en la animación para la inserción de distintas comunidades religiosas y además participó del primer Concilio Latinoamericano que se realizó en Roma en 1889.

En estos dos tomos uno puede encontrar abundantes trabajos, -como dijo Monseñor Ñañez – de este “infatigable obispo, e insigne religioso”.

Particularmente, cuando comencé a leer, tuve la alegría de encontrar a este hombre de Dios, un hombre que trabajó con seriedad, un hombre que puso todo su corazón y su esfuerzo por anunciar el Evangelio, por renovarnos en la fe, aún en su propia Congregación religiosa de los Padres Dominicos. Tuve la sensación de estar frente a un hombre muy valioso, que puso todo su esfuerzo y todo su corazón no sólo en anunciar el Evangelio sino también en vivirlo y encontrarlo plasmado en su función como Provincial, como Prior y en su función de Obispo.

Cuando uno se sumerge en esta lectura y comienza a conocer las Cartas y toda esta Obra, se descubre una personalidad verdaderamente sólida, podríamos decir también, una personalidad valiente, porque no dudó en decir con firmeza lo que él creía por convicción que debía hacer para ayudar a renovar la vida religiosa.  

Como les decía, son dos tomos importantes, grandes tomos, y que eso no les asuste, que es un poco lo que me pasó al principio cuando los recibí, pero que al abordarlo uno tiene esa experiencia y esa alegría de haber conocido más la vida de este hombre que se preocupó por todas las dimensiones de su gente; desde los religiosos, sacerdotes y también del pueblo concreto que se le confiaba; con una mirada fundamentalmente atenta a los más pobres, acompañando de cerca a la humanidad doliente.

            …En este compendio de los escritos de Reginaldo realizado por la Lic. Liliana De Denaro, también las Hermanas dominicas, – que son fruto de su acción pastoral, “sus hijas”-  ayudaron, porque como bien dice la Madre Gral, la Madre Raquel y como lo dicen las hermanas en el Prólogo del Primer Tomo, “ha sido un trabajo paciente, de años de búsqueda e investigación, que implicaron horas de lectura, viajes, visitas a los archivos, traducciones, tipiado, y correcciones detalladas que permitieron arribar a la publicación de este libro.”

Hoy no me toca a mí hacer un semblante de la vida de Fray Reginaldo Toro, sino presentar el libro y animarlos a zambullirse en esta extraordinaria Obra; realmente uno descubre aquí no sólo los oficios que realizó siendo miembro de la Provincia de San Agustín en la Orden de los Predicadores, -las cartas, los escritos, todo lo que trabajó como Prior de la familia Dominica-, sino que también nos introduce en el conocimiento de su familia con su árbol genealógico, su preparación académica, su actividad en Tucumán, su visión pedagógica…

            Esta Obra alcanza verdaderamente un gran interés porque no sólo se comprende y se conoce a la persona de Monseñor Toro, sino que también -por su trayectoria personal y por su contexto histórico-, nos da un panorama y aproximación a la realidad argentina que se vivía en esos momentos, la realidad entre Unitarios y Federales, el triunfo de la corriente liberal…

Sin lugar a dudas, ha sido un hombre de su tiempo y a la vez, siendo heredero de la formación y tradición dominicana, pudo dar respuesta cristiana y sacerdotal a esos tiempos turbulentos que se vivían, preocupándose por la educación, por la renovación, por la disciplina y la observancia, por una sana vida consagrada espiritual de las comunidades religiosas.

De modo particular, quisiera referirme a lo que en la introducción del segundo tomo relata y que paso a leerles: “…Ante el impacto del desarrollo que provocó la expansión del ferrocarril y movilizó la inmigración europea, las inversiones extranjeras, la transformación educativa generada a partir de la ley 1420 y el proyecto liberal de la generación del 80, las autoridades civiles fueron desalojando a la Iglesia Católica de los espacios que había ocupado hasta entonces, y fue necesario que reformulara su lugar en la sociedad, afrontando las apremiantes necesidades institucionales, religiosas y educativas con los medios y recursos disponibles. Así lo expresó Roberto di Stefano y Loris Zanatta:.. [la Iglesia], para vivir en la nueva sociedad debió ensayar nuevas formas de acción, nuevos esquemas asociativos, nuevos instrumentos de lucha. Debió aprender a pelear por un espacio que pocas décadas atrás nadie habría osado disputarle…»

Me parece importante resaltarlo, porque esto habla de una realidad que está en “Vigencia”, y, que podríamos decir, debemos aprovechar y dejarnos iluminar…

Los santos son faros, y por eso deseamos que un día la Iglesia lo confirme, pero mientras tanto la vida de Fray Riginaldo Toro nos ilumina, nos ayuda y nos desafía hoy a cada uno de nosotros para pelear con Misericordia, pelear con claridad, pelear con valentía, con espíritu fraternal, pelear desde la cultura del encuentro, pero de hecho, pelear para conquistar el espacio que pocas décadas atrás, nadie había osado disputar. El tema de disputar aquí, no lo refiero a espacios de poder, sino a espacios de servicio para iluminar y para ayudar a lo que la Iglesia anuncia siempre, hacer que la vida de los hombres sea una vida más humana, una vida más digna, una vida más justa, una vida de mayor progreso en el equilibrio humano y espiritual.

Como para ir terminando me parece que la lectura de esta gran obra, que como les decía, los animo sumergirse en ella, no sólo conocemos la obra de “un Titán” –que como toda vida entregada, con sus luces y con sus sombras, con sus dificultades- ninguna adversidad o situación compleja, aún en lo personal lo asustó para hacer lo que hay que hacer y para decir lo que hay que decir; pero insisto: Realmente esta obra nos introduce en la vida de Fray Reginaldo Toro y nos ubica en la historia argentina, en la historia de nuestra Patria de entonces, en nuestra historia de la Iglesia, -tanto argentina como la Iglesia Universal en la presencia de distintos Papas, Pío IX y León XIII-, y no me extiendo más porque el propio libro, en su Introducción,  explica bien todo lo que significó y cómo fue organizada la búsqueda documentada de los escritos, cómo fueron transcriptos, y cómo se organizó la compilación; también hay señalamientos de los documentos recopilados. Creo que es una Obra de interés para todos y fundamentalmente para los estudiosos de la historia argentina y de la historia eclesial de la Argentina.

Y ahora sí, para terminar quisiera compartir lo que una virgen consagrada que colabora en nuestro Obispado -acerca de lo que conoció de la vida de Fray Reginaldo Toro-, me expresó: ¡Impresionante todo el trabajo de este Obispo, es como Brochero, es como Esquiú!

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