Mons. Olivera | A Cristo vamos por María porque es la perfecta, la mejor discípula, la verdadera Bienaventurada

Mons. Olivera | A Cristo vamos por María porque es la perfecta, la mejor discípula, la verdadera Bienaventurada, así lo expresó el Obispo Castrense de Argentina al compartir la Homilía, durante la celebración Eucarística, en la Fiesta Patronal Diocesana a Ntra. Sra. de Luján, Patrona de Argentina, de la Gendarmería Nacional Argentina y del Obispado Castrense de Argentina. Celebrada en la noche del lunes 9 de mayo, en la Parroquia Luján Castrense, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde participaron Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, fieles castrenses y se contó con la presencia de la Fanfarria Militar del Regimiento de Granaderos a Caballo, “General San Martín”.

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. En su homilía, Mons. Santiago decía: “Es una alegría muy grande, poder celebrar esta Eucaristía en honor a nuestra Madre, la Virgen de Luján, “Patrona de nuestra Patria y “Patrona de la Diócesis Castrense”; esta diócesis personal con distintas realidades, integrada por hombres y mujeres de las Fuerzas, tanto Armadas como Federales de Seguridad a lo largo y ancho del país y aún fuera del país; y que nuestra Madre, la Virgen de Luján sea nuestra Patrona, nos llena de gozo”.

También agregaba el Obispo, “en la Liturgia recordamos que el 8 de mayo, celebra a la Virgen, pero por ser domingo la celebramos hoy como Solemnidad y la recordamos en todo el país como nuestra Madre. Es una alegría como ven compartir esta Eucaristía con tantos Capellanes de nuestras Fuerzas,  no sólo los que están más cerca, sino que hoy, también contamos con la presencia de Capellanes de Entre Ríos, de Mar del Plata y de otras localidades que se encuentran acompañándonos y nos llena de gozo, porque es la expresión de nuestra realidad Diocesana y poder concelebrar, celebrar junto al Obispo es sin lugar a duda una nueva manifestación del único Sacerdocio de Jesús que compartimos”.

Es de destacar, que, en la celebración, se contó con la presencia de la imagen de la Virgen de Luján Malvinera; sobre Ella, Mons. Olivera, señalaba, “es un gozo de verdad, de corazón, el poder celebrar y poder contemplar este día junto a esta imagen de la Virgen de Luján que hace 40 años estuvo en la guerra de las Malvinas… Pensar ¡cúantos soldados habrán contemplado esta imagen y sentido en ese momento de cruz, de dificultad, de dolor, de enfermedad, de heridas, de muerte, de situaciones tan complicadas, de distancias, de las familias que quedaron en el continente, la compañía de nuestra María!”

Más adelante, el Obispo decía de nuestra Madre, “esta verdad, al pie de la Cruz de su Hijo Jesús, la actualiza frente a cualquier situación de dolor o dificultad; nunca tenemos que olvidar que María está siempre al lado, al pie, acompañando y sosteniéndonos en el camino de nuestra vida”.

Además, decía, “Si uno piensa -como escuchamos en el relato del Salmo-, esta misma profecía de María, cuando dice “me proclamarán feliz”, “Bienaventurada”, podríamos decir  dos pensamientos en esta realidad: “Bienaventurados aquellos que escuchan la Palabra y la ponen en práctica”, pero también pensamos cuando decimos, la Virgen es Bienaventurada, feliz, porque Dios ha hecho grandes cosas en Ella y nos enseña”.

En otro párrafo, Mons. Santiago, compartía, “la vida que Ella tuvo, -y que ya también anunciaba la profecía de Simeón diciendo que “una espada iba atravesar su corazón”- es para que meditemos, porque a veces creemos que el ser cristianos o el seguir a Jesús, o ser llamados por mérito del propio Dios a la vida de la Gracia y al seguimiento de Jesucristo, supone que no hay sufrimiento, ni dolor… Y sin embargo no, y María es la mujer por excelencia fiel, la mujer de pie, la mujer de la esperanza, la mujer de fe, la mujer de confianza, que proclama “desde ahora me llamarán feliz todas las generaciones”.

Continuando, el Obispo, nos reveló, “nosotros al contemplar a María, al darle gracias, tenemos que seguir sus pasos, seguir su camino, porque Ella nos lleva sin lugar a duda a Jesús. A Cristo vamos por María, porque es la perfecta, la mejor discípula, la verdadera Bienaventurada”.

Sobre el Evangelio de Juan, Monseñor Santiago nos decía, “(…), este texto -que a mí siempre me conmueve y me gusta recordar como el testamento de Jesús al pie de la Cruz…  En la Cruz le deja a Juan a María como Madre y a María le deja a Juan como hijo. Es decir, en esta relación, Juan en nombre de todos los discípulos y de todos los tiempos, recibe a María como Madre y nosotros, cada uno, somos sus hijos”.

Acabamos de escuchar en el texto de Juan, que dice, <<el discípulo la recibió como suya>>, otros textos dicen, <<la recibió en su casa>>. ¡Qué bueno que podamos experimentar que a María la recibimos como nuestra, y también contemplando nuestra acogida, a María la recibimos en nuestra casa especial del corazón, la ubicamos en un lugar especial de nuestro corazón, nuestra propia casa”.

En otro tramo de la Homilía, se refirió al Virgen de Luján, recordando, “este hecho milagroso de quererse quedar a orillas del río Luján, este acontecimiento de gracia, este signo que han sabido captar, que han descubierto, realmente, el deseo de María de quedarse en este pueblo que peregrina en la Argentina, acompañándonos, sosteniéndonos, recordándonos que  vayamos y sigamos a Jesús, que escuchemos como Ella lo que Él quiera decirnos,  que vivamos como Ella la vida del Evangelio de nuestra propia vida”.

Añadiendo, continuó, “la Virgen quiso quedarse entre nosotros, nosotros la recibimos como nuestra, ¡que linda fiesta entonces en nuestro corazón! Que podamos honrar a María, que podamos decir nosotros, “Bienaventurada”, “feliz”; no porque se ahorró sufrimiento o dificultad, sino porque fue fiel, Bienaventurada porque fue fiel, Bienaventurada porque confió, Bienaventurada porque dijo “hágase”, Bienaventurada porque fue totalmente dócil y disponible al proyecto de Dios y a ponerse en camino y al servicio”.

Completando, decía en el final Mons. Santiago, “hoy volvemos a decirle a Jesús, que recibimos a su Madre y recibimos este regalo, este testamento como nuestro, la recibimos en nuestra casa, la recibimos en nuestro corazón. Y queremos que suene con fuerza, pero con esa ternura de la Madre, diciéndonos <<hagan lo que Él les diga>>.

Hoy, a pesar de que sabemos, que no siempre hacemos lo que Jesús nos dice, no amamos como Él nos pide, no nos comportamos como Él quiere, sin embargo María, nos invita de nuevo, y queremos renovarnos, seguir los pasos de nuestra Madre, que estuvo al pie, que estuvo al lado, que estuvo cerca de Jesús. También este regalo está cerca, al lado, de pie al pie de nuestras vidas”.-

Homilía de Mons. Santiago Olviera, Obispo Castrense de Argentina.-

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