Mons. Olivera | Experimentemos todos la alegría de que Jesús camina a nuestro lado, que el Señor es misericordioso, y su misericordia es eterna

Publicado el12 abril, 2021

Abre el seminario diocesano castrense

Necesitamos tu ayuda para el sostenimiento de los seminaristas

Mons. Olivera | Experimentemos todos la alegría de que Jesús camina a nuestro lado, que el Señor es misericordioso, y su misericordia es eterna, el resumen pertenece a la Homilía compartida por el Obispo Castrense de Argentina, en la celebración de Santa Misa, en vísperas del Domingo de la Misericordia. Fue en la noche del sábado 10 de abril, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), en la Asunción del nuevo Párroco de la Parroquia Ntra. Sra. de Luján, «La Castrense», Mons. Alberto Pita.

Presidió la Santa Misa, el Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina, Cardenal Mario Aurelio Poli, concelebraron, el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires, Mons. Alejandro Georgi, el Obispo Castrense de Argentina Mons. Santiago Olivera, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller y Capellán de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderna. El Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán Mayor de la FAA, Padre César Tauro, el Capellán Mayor de la PNA, Padre Diego Tibaldo, el Capellán Mayor de la PSA, Padre Rubén Bonacina, el Rector del Seminario Castrense, Padre Daniel Díaz Ramos, el Vicerrector del Seminario Castrense, Padre Diego Pereyra, el nuevo Párroco de la Parroquia Ntra. Sra. de Luján, Mons. Alberto Pita, el Vicario Parroquial Sacerdote, Capellán Castrense, Padre Francisco Roverano y Sacerdotes de la Arquidiócesis de Buenos Aires, asistieron, Seminaristas Castrenses y fieles de la Arquidiócesis de Buenos Aires y de la Diócesis Castrense de Argentina.

Cabe señalar, que Mons. Pita, está incardinado a la Arquidiócesis de Buenos Aires, y como todos sabemos, en los últimos 30 años, presta su servicio pastoral en nuestra Diócesis Castrense de Argentina como Capellán. Invitado por el Cardenal Poli, Mons. Olivera fue quien predicó en la celebración Eucarística, allí decía en el principio, «quiero agradecerle mucho al Cardenal, porque en este tiempo hemos podido dialogar y entender que aquí hay una particular identidad, y tiene que haber una presencia sacerdotal territorial, y como hemos visto, al Padre Pita lo ha nombrado el Cardenal como Párroco, pero también, con el visto bueno y la presencia del obispo y parte del clero castrense, porque el Padre Pita, como Capellán, es enviado en atención y agradecimiento al mundo militar y a las Fuerzas Armadas y Federales de Seguridad».

Continuando, nuestro Obispo Santiago, nos decía sobre la designación del nuevo Párroco, Mons. Pita, «estoy muy contento también por nuestros sacerdotes sabiendo que este pastor elegido, además de ser una buena persona y un buen sacerdote, va a ayudarnos a vivir esta realidad de lo cumulativo, en esta experiencia de compartir el territorio y también a los fieles. Quizás, algunos de ustedes comparten también ésta “doble realidad,” de tener dos diócesis o dos obispos, -en este caso más porque están los auxiliares- pero la clave es que trabajaremos en comunión como bien decía el decreto leído (…)».

A continuación, compartimos en forma completa Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Homilía Asunción del nuevo Párroco
Parroquia Ntra. Sra. de Luján -La Castrense-
Vísperas del Domingo de la Misericordia
10-04-2021 –Buenos Aires-
Hech 4,32-35
Sal 118, 2-4.16-18.22-24
1 Jn 5,1-6
Jn 20,19-31

Hoy recibí la llamada del Sr. Cardenal, pidiéndome que comparta con Uds. unas palabras con motivo de esta realidad, de este “acontecimiento histórico para nuestras iglesias diocesanas”: la Iglesia de la Arquidiócesis de Buenos Aires y la iglesia Castrense de la Argentina. Agradezco al Sr. Cardenal esta deferencia de poder compartir con ustedes la Palabra de Dios.
Como saben, y bien decía el decreto que se leyó el cual es tan rico, que la iglesia castrense es la única diócesis personal aquí en Argentina, donde no tenemos un territorio propio. Me gusta decir que es una “diócesis peregrina” porque está allí donde está el corazón de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, sus familias, como también los que trabajan en la Casa de Gobierno, la quinta de Olivos y sus dependencias, los Ministerios de Defensa y Seguridad. Todos son fieles que la Iglesia nos confía al Obispo y a sus Capellanes.
Esta Parroquia, durante mucho tiempo la atendieron los sacerdotes del Clero de Buenos Aires, pero siempre en la relación con el Clero castrense, justamente por ser este Templo, parte de la Iglesia castrense, como así la llamamos también: “La Luján castrense”.
Quiero agradecerle mucho al Cardenal, porque en este tiempo hemos podido dialogar y entender que aquí hay una particular identidad, y tiene que haber una presencia sacerdotal territorial, y como hemos visto, al Padre Pita lo ha nombrado el Cardenal como Párroco, pero también, con el visto bueno y la presencia del obispo y parte del clero castrense, porque el Padre Pita, como Capellán, es enviado en atención y agradecimiento al mundo militar y a las Fuerzas Armadas y Federales de Seguridad.
Hemos encontrado, propuesto y coincidido con el Cardenal acerca de este buen pastor, Monseñor Pitta, -gracias a Dios reconocido por el Santo Padre- y se lo ha designado Párroco de esta querida parroquia.
A nosotros nos llena de alegría porque lo sentimos verdaderamente, como quien expresa en su persona, el carácter cumulativo de la diócesis. El Obispo castrense comparte todas las diócesis territoriales, ya que, aunque estoy enviado para las Fuerzas Federales y las Fuerzas Armadas, también éste, mi pueblo, está en un territorio concreto. Es por eso que el diálogo y la cercanía con los obispos diocesanos es fundamental. Pero en este caso se nos da la gracia, porque la Providencia así lo quiso, que quien suceda al tan querido Padre Martín, sea el Padre Pitta, que está incardinado en la Arquidiócesis de Buenos Aires y es además amigo de muchos sacerdotes también de aquí, hasta del propio Cardenal, y con muchos años como miembro de nuestro clero castrense, como Capellán castrense, como hombre de la Armada Argentina. Estoy muy contento también por nuestros sacerdotes sabiendo que este pastor elegido, además de ser una buena persona y un buen sacerdote, va a ayudarnos a vivir esta realidad de lo cumulativo, en esta experiencia de compartir el territorio y también a los fieles. Quizás, algunos de ustedes comparten también ésta “doble realidad,” de tener dos diócesis o dos obispos, -en este caso más porque están los auxiliares- pero la clave es que trabajaremos en comunión como bien decía el decreto leído, y la clave, -yo la compartía en mi oración esta tarde-, está en la primera lectura de hoy, en los Hechos de los Apóstoles, que dice “…tenían un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos…” Estoy seguro que así nos encuentra -al Arzobispo y a mí-, para entender que sólo somos servidores y que se nos confía una porción del Pueblo de Dios, -en este territorio y en esta parroquia- y una porción que no es territorio, sino hombres y mujeres de las Fuerzas que también se nos confían. Este camino lo iremos haciendo en diálogo y en fraternidad, porque justamente nos unirá la fe, porque el Espíritu de las primeras comunidades que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles, sólo es posible que pueda ser entendido así, donde las necesidades de los otros sean necesidades de todos y no sólo de algunos, justamente por el don del mismo Espíritu Santo.
Estamos celebrando las Vísperas del Domingo de la Misericordia que tanto tiene que ver con nuestro querido San Juan Pablo II, quizá por esa realidad que le tocó vivir en su Polonia natal y por la existencia de Sor Faustina Kowalska. Esta santa -que sin duda podríamos llamar “Apóstol de la Misericordia”-, quería, deseaba, y así se sentía ella llamada por el mismo Jesús, para instaurar en toda la Iglesia, en el segundo Domingo luego de la Pascua, el “Domingo de la Misericordia”.
La Misericordia es el Segundo nombre de Dios, sin lugar a dudas, Dios es misericordioso, la Virgen María “canta” la misericordia de Dios. Misericordia es ese Dios que se abaja, que tiene compasión por nuestras miserias, nuestras fragilidades y nuestros pecados; ¡qué lindo que en estas vísperas del Domingo de la Misericordia, podamos actualizar el saber que Dios nos ama siempre con un profundo amor, un amor sin límites y que podamos también renovar nuestro bautismo. Allí se nos pregunta “¿Quieres recibir el Bautismo?, y es lo mismo que preguntarnos: ¿quieres ser santo?
En la oración colecta, le pedíamos al Señor que nos ayude verdaderamente a comprender la inestimable grandeza de este Sacramento, pues significa que hemos sido llamados a la santidad. Este bautismo, donde nos fuimos preparando en el tiempo de Cuaresma y lo hemos renovado en la Pascua. La Pascua es entonces, el tiempo en el cual actualizamos con mucho entusiasmo y con mucha certeza, a pesar de los dolores, de las dificultades, de las pruebas, la Presencia de Dios. La misericordia de Dios es Presencia de Dios, la misericordia que Jesús nos muestra es Su presencia caminando a nuestro lado.
Cuando hay temor, cuando hay dificultades, como hemos escuchado en el Evangelio, Jesús irrumpe y saluda para acogernos con misericordia, con el don de la paz.
Donde Jesús está, está la paz. Cuando la perdemos por algún motivo o distintas circunstancias, pongamos nuestra mirada en Jesús y dejemos que Él se vincule, penetre en nuestro corazón, sabiendo que el saludo de Jesús es el saludo de la paz.
Pidamos al Señor entonces, que nos ayude también a consolidar, a fortalecer, una de las claves de este tiempo de la Pascua, que es el testimonio más grande de los cristianos: la alegría.
La alegría es fruto de habernos encontrado con Jesús. La alegría es fruto de haber descubierto la fe, -este don de Dios el cual debemos pedirlo siempre-, que la haga aumentar y crecer en nuestra vida, para vivir de acuerdo a esa fe. Para que podamos ser “benditos”, para que podamos ser “bienaventurados”, “felices” porque sin ver creemos. La fe es don de Dios, y esa fe nos hace hijos de rostro alegre, no con el semblante triste. La alegría es el signo de que hemos comprendido que Jesús camina a nuestro lado, que Jesús nos acompaña, que Jesús nos sostiene.
Antes de finalizar quisiera compartir con ustedes un breve cometario de la homilía de San Juan Pablo II en la Canonización de Santa Faustina Kowalska. Más precisamente, cuando instauraba al segundo Domingo de Pascua, como el Día de la Misericordia.
Dice el Papa que Faustina nos recordó que, «la humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina» (Diario, p. 132).»
Continuando, el Papa San Juan Pablo II aquél 30 de abril del año 2000 decía: «¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la Luz de la Misericordia Divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo, mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres… Pero, como sucedió con los Apóstoles, es necesario que también la humanidad de hoy acoja en el cenáculo de la historia a Cristo resucitado, que muestra las heridas de su crucifixión y repite: «Paz a vosotros». Es preciso que la humanidad se deje penetrar e impregnar por el Espíritu que Cristo resucitado le infunde. El Espíritu sana las heridas de nuestro corazón, derriba las barreras que nos separan de Dios y nos desunen entre nosotros, y nos devuelve la alegría del amor del Padre y la de la unidad fraterna”.
“Es importante -termina el Papa- que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora –dice- en toda la Iglesia se designará con el nombre de «domingo de la Misericordia divina». A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que «el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a «usar misericordia» con los demás: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7)».
En este tiempo de pandemia entonces, de dolor, de sufrimiento y de temor, que podamos experimentar todos la alegría de que Jesús camina a nuestro lado, que el Señor es misericordioso, y su misericordia es eterna. Que San José en este año de la familia que estamos celebrando, el “hombre de la fe en práctica”, el hombre del cual no conocemos palabra de su Evangelio pero que toda su vida fue un “hágase al proyecto de Dios”, este santo varón justo que custodió y cuidó a María, nuestra Madre y a Jesucristo, nos acompañe siempre. Y que la Sagrada Familia sea el ejemplo de las familias cristianas, para agradar en todo, para buscar siempre la voluntad del Padre.
Que así, sea.

Mons. Santiago Olivera
Obispo para las Fuerzas Armadas y
Fuerzas Federales de Seguridad de Argentina

Noticias relacionadas

0 comentarios

Deja un comentario

Pin It on Pinterest

¡Compartí esta noticia!

¡Enviásela a tus amig@s!