Mons. Olivera | Le pido a Santo Toribio por la unidad eclesial de nuestra Diócesis Castrense

Publicado el28 abril, 2022

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Mons. Olivera | Le pido a Santo Toribio por la unidad eclesial de nuestra Diócesis Castrense, así lo expresó el Obispo Castrense de Argentina en la Homilía compartida en la celebración de la Santa Misa, en la Capilla San Lucas del Seminario Castrense, San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero, en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Fue en la noche del miércoles 27 de mayo, en la solemnidad de Santo Toribio de Mogrovejo, fecha en la que Iglesia recuerda en nombre del santo, el día en de los Obispos latinoamericanos.


Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrnse de Argentina, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Vicario Judicial, Padre Daniel Cirrincione, el Canciller y Capellán Mayor de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán de FAA, Padre César Tauro. También, el Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de PNA, Padre Diego Tibaldo, el Capellán Mayor de la PSA, Padre Rubén Bonacina, el Rector del Seminario, Padre Daniel Díaz Ramos, el Vice Rector del Seminario, Padre Diego Pereyra, los Capellanes Castrenses, Padre Enrique Saguier Fonrouge, Padre Marcelo Mora, Padre Ricardo González, Padre Daniel Domínguez, Padre Charbel Makhlouf y el Padre Luis Scrinzi.


En la Homilía, decía Mons. Olivera, «estamos celebrando este día del Obispo por ser el día de Santo Toribio de Mogrovejo, Patrono de los Obispos Latinoamericanos. Hoy pensaba que celebrarlo juntos, más allá que a todos nos exige un poco salir de nosotros mismos, y “venir” que sin duda supone esfuerzo, es también una manera de consolidar vínculos, transitar caminos de encuentro, filiación, amistad y pertenencia».


Continuando, el Obispo compartía parte del mensaje de Su Santidad Francisco, dicho en el año 2018 a los nuevos Obispos, al respecto, expresó, que al apropiarse de sus palabras, y compartirlas con los Capellanes, deseaba, se «(…), avive el deseo de plasmar en nuestra propia realidad la figura de uno de mis patronos, conocerlo más para amarlo más y seguir con él al Maestro Jesús. Agregando, «el Papa comenzó recordando que san Juan Pablo II, definió a Santo Toribio como ejemplo de «constructor de unidad eclesial». Le pido a Santo Toribio por la unidad eclesial de nuestra Diócesis castrense».


Avanzando, Mons. Santiago, señaló del mensaje del Papa, «Santo Toribio, es el hombre que quiso llegar a la otra orilla. Dejó terreno seguro para adentrarse en un universo totalmente nuevo, desconocido y desafiante».


Añadiendo, «golpea a mi corazón -dice el Papa- porque hace cinco años fui enviado a estas “tierras”, que son “el corazón de cada fiel que se me ha encomendado” y me fui y voy adentrando en este universo nuevo, desconocido y desafiante».
Avanzando, continuó el Obispo recordando que el Santo Padre decía de Santo Toribio, «(…), quiso llegar a la otra orilla en busca de los lejanos y dispersos. Para ello tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba, y ¡cuánto se lo necesitaba!»


En otro tramo, sobre los 22 años de Episcopado del Patrono de los Obispos de latinoamerica, Mons. Santiago subrayó del recuerdo que el Pontífice hacía, que de ese tiempo, 18 años, estuvo, «(…) recorriendo tres veces su territorio, sabía que esta era la única forma de pastorear: estar cerca, proporcionando los auxilios divinos, exhortación que también realizaba continuamente a sus presbíteros. Pero no lo hacía de palabra sino con su testimonio, estando él mismo en la primera línea de la evangelización. Hoy le llamaríamos un Obispo «callejero»».


También en la Homilía, Mons. Olivera compartía del Papa, Santo Toribio, «quiso llegar a la otra orilla no sólo geográfica sino cultural. Fue así como promovió por muchos medios una evangelización en la lengua nativa».
Agregando, también, «¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI!, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como es el digital, por citar un ejemplo. Conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños… Y nosotros, en nuestra Diocesis Castrense, podemoas agregar, el lenguaje de los militares y miembros policiales. Como bien supo verlo santo Toribio, no alcanza solamente llegar a un lugar y ocupar un territorio, es necesario poder despertar procesos en la vida de las personas para que la fe se arraigue y sea significativa. Y para eso tenemos que hablar su lengua».


Mons. Santiago también indicaba del mensaje del Santo Padre, «quiso llegar a la otra orilla de la caridad. Para nuestro patrono la evangelización no podía darse lejos de la caridad. Porque sabía que la forma más sublime de la evangelización era plasmar en la propia vida la entrega de Jesucristo por amor a cada uno de los hombres». Completando, en otro párrafo señaló, Santo Toribio, «quiso llegar a la otra orilla, la de la unidad. Promovió de manera admirable y profética la formación e integración de espacios de comunión y participación entre los distintos integrantes del Pueblo de Dios».


Además, Mons. Olivera, agregaba sobre el Evangelio, «hemos escuchado recién la Buena Noticia del Reino. Jesús, su Palabra y su Vida, Palabra de Vida que sana, que cura, que restaura, que une, que se compadece, que busca, que conforta y que alivia. Para esto, con este sentimiento, nos pide, podemos decir “nos manda” que roguemos para que haya más trabajadores para la cosecha».
Finalmente, compartió el Obispo, «desde esta casa de formación sacerdotal, renovemos con fe, la oración insistente para que el Señor anime a tantos jóvenes a los que están y a los que vendrán, para que, siguiendo a Jesús, en libertad, en verdad, en humildad y gran amor abracen la vocación de pastores según el corazón de Jesús».


A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Homilía del 27 de abril de 2022
Seminario Diocesano, Santo Toribio de Mogrovejo
+Santiago Olivera
Obispo Castrense de Argentina

Estamos celebrando este día del Obispo por ser el día de Santo Toribio de Mogrovejo, Patrono de los Obispos Latinoamericanos. Hoy pensaba que celebrarlo juntos, más allá que a todos nos exige un poco salir de nosotros mismos, y “venir” que sin duda supone esfuerzo, es también una manera de consolidar vínculos, transitar caminos de encuentro, filiación, amistad y pertenencia. Y esto más allá de tal o cual obispo. Nos reunimos en la persona del Obispo, sucesor de los Apóstoles por gracia de Dios y sin ningún mérito, de mi parte créanme que lo tengo bien claro. Pero me anima celebrarlo juntos porque nuestra fe es apostólica. Y como decía San Agustín, “con ustedes cristiano, para ustedes Obispo”. Y como Obispo de ustedes y para ustedes quiero que con estos encuentros que podamos gustar la “cercanía”. El mismo Francisco les decía a los nuevos Obispos, el 17 de octubre del año pasado: “Ustedes serán los custodios de la fe, del servicio, de la caridad. Piensen que la cercanía es el rasgo más típico de Dios: El mismo se lo dice a su pueblo en el Deuteronomio: “¿Qué pueblo tiene a sus dioses tan cerca como vosotros a mí?” Por favor -les decía el Papa- no dejen esta cercanía: acérquense siempre al pueblo, acérquense siempre a Dios, acérquense a los hermanos Obispos, acérquense a los sacerdotes: estas son las cuatro cercanías del obispo…Que el Señor, pide el Papa les haga crecer en este camino de cercanía, para que puedan imitar al Señor, porque El siempre ha estado cerca y está cerca de nosotros, con su cercanía que es cercanía compasiva y tierna…”
Gracias a cada uno por estar. Gracias también a todos los que han saludado y expresado la fe, la oración y el cariño. Y aunque me extienda un poco quiero compartir parte del Discurso en la Sede del Arzobispado del Papa Francisco en Lima, del Papa Francisco del 21 de enero de 2018 y “apropiarme de las palabras del Santo Padre para, compartida con ustedes, avive el deseo de plasmar en nuestra propia realidad la figura de uno de mis patronos, conocerlo más para amarlo más y seguir con él al Maestro Jesús:
El Papa comenzó recordando que san Juan Pablo II, definió a Santo Toribio como ejemplo de «constructor de unidad eclesial». Le pido a Santo Toribio por la unidad eclesial de nuestra Diócesis castrense.
Y continuó el Santo Padre:
Es significativo que este santo Obispo sea representado en sus retratos como un «nuevo Moisés». Se refiere el Santo Padre, a que en el Vaticano se custodia un cuadro en el que aparece santo Toribio atravesando un río caudaloso, cuyas aguas se abren a su paso como si se tratase del mar Rojo, para que pudiera llegar a la otra orilla donde lo espera un numeroso grupo de nativos. Detrás de santo Toribio hay una gran multitud de personas, que es el pueblo fiel que sigue a su pastor en la tarea de la evangelización.
Esta hermosa imagen me «da pie» -dice Francisco- para centrar en ella mi reflexión con ustedes. Santo Toribio, es el hombre que quiso llegar a la otra orilla.
Lo vemos desde el momento en que asume el mandato de venir a estas tierras con la misión de ser padre y pastor, dejando España. Dejó terreno seguro para adentrarse en un universo totalmente nuevo, desconocido y desafiante.
Golpea a mi corazón -dice el Papa- porque hace cinco años fui enviado a estas “tierras”, que son “el corazón de cada fiel que se me ha encomendado” y me fui y voy adentrando en este universo nuevo, desconocido y desafiante.
Continuando, agrega Francisco, fue hacia una tierra prometida guiado por la fe como «garantía de los bienes que se esperan» (Hb 11,1). Su fe y su confianza en el Señor lo impulsó, y lo va a impulsar a lo largo de toda su vida a llegar a la otra orilla, donde Él lo esperaba en medio de una multitud.
Continuando, agregó el Papa, quiso llegar a la otra orilla en busca de los lejanos y dispersos. Para ello tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba, y ¡cuánto se lo necesitaba! Iba al encuentro de todos por caminos que, al decir de su secretario, eran más para las cabras que para las personas. Tenía que enfrentar los más diversos climas y geografías, «de 22 años de episcopado —22 y un cachito—, (dice así el Papa) 18 los pasó fuera de Lima, fuera de su ciudad, recorriendo por tres veces su territorio», que iba desde Panamá hasta el inicio de la capitanía de Chile, que no sé dónde empezaba en aquel momento —quizás a la altura de Iquique, no estoy seguro—, pero hasta el inicio de la capitanía de Chile.
Dieciocho años recorriendo tres veces su territorio, sabía que esta era la única forma de pastorear: estar cerca, proporcionando los auxilios divinos, exhortación que también realizaba continuamente a sus presbíteros. Pero no lo hacía de palabra sino con su testimonio, estando él mismo en la primera línea de la evangelización. Hoy le llamaríamos un Obispo «callejero». Un obispo con suelas gastadas por andar, por recorrer, por salir al encuentro para «anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie». ¡Cómo sabía esto santo Toribio! Sin miedo y sin asco se adentró en nuestro continente para anunciar la buena nueva.
Quiso llegar a la otra orilla no sólo geográfica sino cultural. Fue así como promovió por muchos medios una evangelización en la lengua nativa. Con el tercer Concilio Limense, procuró que los catecismos fueran realizados y traducidos en quechua y aymara. Impulsó al clero a que estudiara y conociera el idioma de los suyos para poder administrarles los sacramentos de forma comprensible. Yo pienso la reforma litúrgica de Pío XII -dice Francisco-, cuando empezó con esto a retomar para toda la Iglesia… Visitando y viviendo con su Pueblo se dio cuenta de que no alcanzaba llegar tan sólo físicamente, sino que era necesario aprender a hablar el lenguaje de los otros, sólo así, llegaría el Evangelio a ser entendido y penetrar en el corazón. ¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI!, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como es el digital, por citar un ejemplo. Conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños… Y nosotros, en nuestra Diocesis Castrense, podemoas agregar, el lenguaje de los militares y miembros policiales. Como bien supo verlo santo Toribio, no alcanza solamente llegar a un lugar y ocupar un territorio, es necesario poder despertar procesos en la vida de las personas para que la fe se arraigue y sea significativa. Y para eso tenemos que hablar su lengua. Es necesario llegar ahí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de nuestras ciudades y de nuestros pueblos. La evangelización de la cultura nos pide entrar en el corazón de la cultura misma para que ésta sea iluminada desde adentro por el Evangelio.
Quiso llegar a la otra orilla de la caridad. Para nuestro patrono la evangelización no podía darse lejos de la caridad. Porque sabía que la forma más sublime de la evangelización era plasmar en la propia vida la entrega de Jesucristo por amor a cada uno de los hombres. Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano (cf. 1 Jn 3,10). En sus visitas pudo constatar los abusos y los excesos que sufrían las pueblos originarios, y así no le tembló el pulso, en 1585, cuando excomulgó al corregidor de Cajatambo, enfrentándose a todo un sistema de corrupción y tejido de intereses que «arrastraba la enemistad de muchos», incluyendo al Virrey. Así nos muestra al pastor que sabe que el bien espiritual no puede nunca separarse del justo bien material y tanto más cuando se pone en riesgo la integridad y la dignidad de las personas. Profecía episcopal que no tiene miedo a denunciar los abusos y excesos que se cometen frente a su pueblo. Y de este modo logra recordar dentro de la sociedad y de sus comunidades que la caridad siempre va acompañada de la justicia y no hay auténtica evangelización que no anuncie y denuncie toda falta contra la vida de nuestros hermanos, especialmente contra la vida de los más vulnerables. Es una alerta a cualquier tipo de coqueteo mundano -dice el Papa- que nos ata las manos por algunas migajas; la libertad del Evangelio…
Quiso llegar a la otra orilla en la formación de sus sacerdotes. Fundó el primer seminario postconciliar en esta zona del mundo, impulsando de esta manera la formación del clero nativo. Entendió que no bastaba llegar a todos lados y hablar la misma lengua, que era necesario que la Iglesia pudiera engendrar a sus propios pastores locales y así se convirtiera en madre fecunda. Para ello defendió la ordenación de los mestizos —cuando estaba muy discutida la misma— buscando alentar y estimular a que el clero, si se tenía que diferenciar en algo, era por la santidad de sus pastores y no por la procedencia. Y esta formación no se limitaba solamente al estudio en el seminario, sino que proseguía en las continuas visitas que les realizaba, estaba cerca de sus curas. Ahí podía ver de primera mano el «estado de sus curas», preocupándose por ellos. Cuenta la leyenda -dice Francisco- que en las vísperas de Navidad su hermana le regaló una camisa para que la estrenara en las fiestas. Ese día fue a visitar a un cura y al ver la situación en que vivía, se sacó su camisa y se la entregó. Es el pastor que conoce a sus sacerdotes. Busca alcanzarlos, acompañarlos, estimularlos, amonestarlos —le recordó a sus curas que eran pastores y no comerciantes y por lo tanto, habrían de cuidar y defender a los indios como a hijos—. Pero no lo hace desde «el escritorio», y así puede conocer a sus ovejas y que ellas reconozcan en su voz, la voz del Buen Pastor.
Quiso llegar a la otra orilla, la de la unidad. Promovió de manera admirable y profética la formación e integración de espacios de comunión y participación entre los distintos integrantes del Pueblo de Dios. Así lo señaló san Juan Pablo II cuando, en estas tierras, hablándole a los obispos decía: «El tercer Concilio Limense es el resultado de ese esfuerzo, presidido, alentado y dirigido por santo Toribio, y que fructificó en un precioso tesoro de unidad en la fe, de normas pastorales y organizativas a la vez que en válidas inspiraciones para la deseada integración latinoamericana». Bien sabemos, que esta unidad y consenso fue precedida de grandes tensiones y conflictos. No podemos negar que las tensiones, existen, las diferencias, existen; es imposible una vida sin conflictos. Pero estos nos exigen, si somos hombres y cristianos, mirarlos de frente, asumirlos. Pero asumirlos en unidad, en diálogo honesto y sincero, mirándonos a la cara y cuidándonos de caer en tentación, o de ignorar lo que pasó o quedar prisioneros y sin horizontes que ayuden a encontrar caminos que sean de unidad y de vida. Resulta inspirador, en nuestro camino de Conferencia Episcopal, recordar que la unidad siempre prevalecerá sobre el conflicto.
Queridos hermanos obispos, dice el Santo Padre, yo me animo decir (queridos hermanos, hijos, amigos) trabajen para la unidad, no se queden presos de divisiones que parcializan y reducen la vocación a la que hemos sido llamados: ser sacramento de comunión. No se olviden que lo que atraía de la Iglesia primitiva era ver cómo se amaban. Esa era, es y será la mejor evangelización.
Hemos escuchado recién la Buena Noticia del Reino. Jesús, su Palabra y su Vida, Palabra de Vida que sana, que cura, que restaura, que une, que se compadece, que busca, que conforta y que alivia. Para esto, con este sentimiento, nos pide, podemos decir “nos manda” que roguemos para que haya más trabajadores para la cosecha.

Desde esta casa de formación sacerdotal, renovemos con fe, la oración insistente para que el Señor anime a tantos jóvenes a los que están y a los que vendrán, para que, siguiendo a Jesús, en libertad, en verdad, en humildad y gran amor abracen la vocación de pastores según el corazón de Jesús. Que así sea.

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