Mons. Olivera | Renuevo mi gratitud por ustedes: “Sean el rostro alegre, sereno y sonriente de la Iglesia”, que infunden paz y esperanza

Mons. Olivera | Renuevo mi gratitud por ustedes: “Sean el rostro alegre, sereno y sonriente de la Iglesia”, que infunden paz y esperanza, así lo expresaba el Obispo Castrense de Argentina en la carta difundida desde Roma y dirigida a la Vida Consagrada de la Diócesis. Recordemos, que Mons. Santiago Olivera se encuentra en Italia desde el último 31 de agosto, donde viajaba para poder estar presente en la Beatificación de Juan Pablo I, también visitar distintos Dicasterios y poder viajar a Asís.

 En su mensaje difundido, el Obispo comenzaba diciendo, “«Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero hazme como tú me deseas». Esta expresión del nuevo beato Juan Pablo I, cuya beatificación tuve la gracia de participar, me anima a escribirles estas líneas para saludarlos en la <<Jornada Nacional de la Vida Consagrada>>”.

Más adelante, agregaba Mons. Santiago, “aprovecho para agradecer la entrega generosa de cada uno de ustedes, procurando ser- en el día a día- expresión de aquellos que “habiéndolo dejado todo siguieron al Señor” (Lc. 5, 11), atraídos por su amor, no escatimaron en la renuncia sino en el gozo de saberse mirados, amados y llamados por Jesús, lo viven con la alegría de los que aman y se saben amados y “amando hasta el extremo”.

Casi en el final de la carta, Mons. Olivera destacaba, “muchas de ustedes ejercen su ministerio en el mundo del dolor, ¡Bendita presencia que hace presente el consuelo de Dios! Esa caricia de la Iglesia que acompaña a sus hijos también, en las horas de cruz, son la “Madre”, la “hermana”, cuyo rostro ven como esa caricia que fortalece, anima y da esperanza tanto al enfermo como a las familias que lo acompañan. Renuevo mi gratitud por ustedes: “Sean el rostro alegre, sereno y sonriente de la Iglesia”, que infunden paz y esperanza”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Roma, 8 de septiembre de 2022

Prot. 111/2022

Querida Vida Consagrada

en nuestra Diócesis:

«Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero hazme como tú me deseas».

Esta expresión del nuevo beato Juan Pablo I, cuya beatificación tuve la gracia de participar, me anima a escribirles estas líneas para saludarlos en la “Jornada Nacional de la Vida Consagrada”.

Creo, sin temor a equivocarme, que, en nuestra vida de consagración, experimentamos siempre, el gran amor de Dios: saber que su fidelidad perdura desde que nos llamó y para siempre y, experimentamos también, nuestra fragilidad y debilidad, las mismas que evoca la oración del “Papa de la sonrisa”; pero también está- en nosotros- la disponibilidad en dejarnos moldear para que el Dios bueno y fiel, nos haga “como Él desea”, según reza, la misma oración.

Hablando del Papa Juan Pablo, el Papa Francisco dijo en la homilía de su beatificación:

“… el nuevo beato vivió de este modo: con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo. (…) Con su sonrisa, el Papa Luciani logró transmitir la bondad del Señor. Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, el rostro sereno, el rostro sonriente, una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada, no es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado cayendo en el “involucionismo”.

Aprovecho para agradecer la entrega generosa de cada uno de ustedes, procurando ser- en el día a día- expresión de aquellos que “habiéndolo dejado todo siguieron al Señor” (Lc. 5, 11), atraídos por su amor, no escatimaron en la renuncia sino en el gozo de saberse mirados, amados y llamados por Jesús, lo viven con la alegría de los que aman y se saben amados y “amando hasta el extremo”.

Muchas de ustedes ejercen su ministerio en el mundo del dolor, ¡Bendita presencia que hace presente el consuelo de Dios! Esa caricia de la Iglesia que acompaña a sus hijos también, en las horas de cruz, son la “Madre”, la “hermana”, cuyo rostro ven como esa caricia que fortalece, anima y da esperanza tanto al enfermo como a las familias que lo acompañan. Renuevo mi gratitud por ustedes: “Sean el rostro alegre, sereno y sonriente de la Iglesia”, que infunden paz y esperanza.

Encomiendo- con renovado fervor-en mi oración, la vida, entrega y consagración de cada uno de ustedes, bajo el cuidado maternal de la Virgen María, en día de su Natividad y en su Hijo Jesús, quién nos eligió y llamó para ser, con la plena disponibilidad del corazón, testigos de su amor.

Mi paternal bendición.

+Santiago Olivera

Obispo Castrense de Argentina

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