Santa Fe | Como en Belén pero en la III Brigada Aérea Reconquista, la comunidad parroquial celebró el Pesebre Viviente

Publicado el23 diciembre, 2019

Santa Fe | Como en Belén pero en la III Brigada Aérea Reconquista, la comunidad parroquial celebró el Pesebre Viviente, inspirados en San Francisco de Asís, cuando en la Navidad de 1223, en Greccio, Italia reprodujo el primero de los Pesebres Vivientes, la noche del cuarto domingo de Adviento se colmó de fe y adoración a la Sagrada Familia.  Así como el Santo de la Humildad y de la Pobreza, sorprendía a los habitantes de aquel pueblo itliano, uno a uno los protagonistas fueron recreando aquella especial escena que refleja la llegada del Niño Dios a nuestra tierra.

Acompañados por el Capellán Castrense, Padre Rafael Mélida, la familia de la Capilla Ntra. Sra. de Loreto, Santa Patrona de la Fuerza Aérea, fueron convirtiendo el atrio en el escenario de lo que más tarde sería el desarrolló del Pesebre. Para ello, un especial grupo se organizó para armar, la escenografía, vestuario, sonido, iluminación, mientras los ensayos eran guiados y seguidos a detalle por el Padre Rafael Mélida.

Es que, entre todos, se respiraba una profunda emoción, la de evocar no solo aquella escena, sino también pensar además en San Francisco de Asís, quien venciendo los propios desafíos de un estado de mala salud y para quien pensaba sería su última Navidad, lo dio todo y nos dejaba esta especial tradición. Así lo recordaba el Padre Rafael, donde les contó aquella historia a todos, que en aquel diciembre de 1223, San Francisco de Asís convenció a un viejo amigo, el señor Juan Velita, quien era dueño del pequeño bosque en las montañas de Greccio, donde entre sus maravillas, había una pequeña gruta, similar a la donde había nacido Jesús.

Entonces, recordando su viaje a Tierra Santa, donde conoció el lugar de nacimiento del Niño Dios, le contó San Francisco de Asís su idea de recrear el Pesebre Vivo, y así mostrarlo a todos en esa noche de Navidad. Para ello, debían además, contar con la colaboración de varias personas, quienes representarían las figuras de la historia, María, José, los Pastores, y al Niño Dios, pero para ello, debieron guardar el especial secreto y siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento.

Es así, como en la noche de Navidad de ese año, que mantenía todos en el interior de sus hogares, puesto que además hacía bastante frío, el repique de las campanas de la Iglesia del pueblo sorprendía a todos, puesto que el Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la Misa de Gallo (Misa de Medianoche). Nadie sabía por qué tañían las campanas, pero no paraban de sonar, hasta que todos salieron de sus casas y vieron a San Francisco alumbrado por una antorcha, quien los convocaba a seguirlos al bosque.

En medio de la noche, alumbrados solo por el fuego que iluminaba los pasos, subieron a la montaña, hasta llegar a aquella gruta, la elegida para que vean aquello que nunca habían visto. Los habitantes de Greccio, quedaron admirados, cayendo de rodillas porque estaban viendo algo que jamás hubieran imaginado ver.

Belén, estaba ahí, esa pequeña porción del bosque y la montaña, en aquella gruta elegida por San Francisco de Asís, allí estaba representada aquella primera Navidad de la historia, María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer.

Luego, el sacerdote, que había mantenido el secreto junto a San Francisco de Asís y de Juan Velita, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo. Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

En el final de su relato, el Padre Rafael Mélida nos revelaba, esa no fue la última Navidad del San Francisco de Asís, el falleció tres años más tarde, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre en cada Navidad. Y hoy, hacemos lo mismo, como San Francisco en nuestra comunidad peregrina aquí en la III Brigada Aérea, Reconquista Santa Fe.

El pueblo de nuestra Capilla Ntra. Sra. de Loreto, lo había logrado, había nuevamente hecho vivo esa Adoración al Niño Dios, al Dios con nosotros. El corazón y la emoción de todos se fundió en el abrigo del misterio del nacimiento. –

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